lunes, 24 de septiembre de 2012

Alianza de civilizaciones

No me interesó cuando fue tan profesionalmente promocionada. El choque de civilizaciones, digo. El modo con que se hizo importante un argumento manipulador recordaba el lanzamiento del "pensamiento único" del que habló Susan George, hasta conseguir que todo el mundo hablase de la necesidad que tenían los judeo-cristianos de prepararse para el ataque de los islamo-confucianos, que ahí es na.
Todavía se usa el término, todo hay que decirlo, pero lejos ya de la intención original que parece que fue la de legitimar el armamentismo estadounidense una vez desaparecido el enemigo que lo legitimaba: la URSS. Había, pues, que buscar otro enemigo y los intelectuales orgánicos como Huntington lo encontraron de manera inmediata: una alianza Corea del Norte y Libia convertida en un acuerdo confuciano-islámico para acabar con "occidente", es decir, con los judeocristianos (Israel y los Estados Unidos, vaya).
Hay demasiados ejemplos (y hace poco he citado uno, referido al Brasil) que muestran el papel relativo que tienen las religiones (incluso elevadas al rango de "civilizaciones") a la hora de determinar el comportamiento. Y no hace falta decir que esas "civilizaciones" resultan ser religiosamente muy heterogéneas, de modo que tal caracterización religiosa pierde todo su posible sentido. Un despropósito.
Frente a tamaño despropósito (despropósito aunque abusase, como yo suelo hacer, de las notas a pie de página en un intento parecido de darle seriedad a lo que se escribe) el gobierno español (país cristiano, aunque su gobernante no fuese muy creyente en aquel momento) y el gobierno turco (islamista moderado) montaron otro despropósito: la alianza de las civilizaciones. Por lo menos, el despropósito de Huntington era comprensible. El de la "alianza", no. Porque se trataba de un programa o proyecto o propuesta. Pero se desconocían los fines, los medios, los plazos, los actores... nada, nada de nada.
En España fue recibido con un cierto cachondeo, ciertamente fundamentado, por la oposición del Partido Popular y alguno de sus voceros más sonoros. Pero, oh maravilla, la ONU hizo suyo el programa en 2007 y la cosa comenzó a andar como andan las cosas en la ONU: reunión tras reunión, cobro de dieta tras cobro de dieta.
Nada. Una vez en el gobierno, el Partido Popular decidió acabar con tamaña tontería que tanto dinero había costado inútilmente. Porque, para el PP, la Alianza de Civilizaciones era "la de Zapatero", el sistemáticamente demonizado ex-presidente.
Más hete aquí que ese mismo gobierno, en su afán de notoriedad mundial, decide postularse para miembro (no-permanente, claro) del Consejo de Seguridad en competencia con Turquía y se encuentra con que en la ONU hay un encuentro sobre la tan denostada y ridiculizada Alianza de Civilizaciones. Feo dilema: si se mantiene la posición contra algo que la ONU ha hecho suyo, pierde puntos frente a quien sigue apoyando la tal Alianza, es decir, Turquía; y si no mantiene su posición contra tal Alianza, demuestra su incoherencia, el no estar motivado por principios y sí por circunstancias. No hace falta que diga por qué han optado. Lo dice La Gaceta. Como si no les cayese simpático Rajoy y prefiriesen otro líder o lideresa.

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