lunes, 6 de agosto de 2012

Otro libro

Hoy, Fiestas Patrias en Bolivia y aniversario de la matanza-masacre-asesinato en masa de Hiroshima, he terminado de escribir mi tercer "último libro" (Desigualdad, conflicto, violencia. Cinco ensayos sobre la realidad mundial). Historia peculiar.
El primero de mis "último libro" (La inseguridad humana) se publicó en Colombia en una universidad cuyo rector tuvo problemas con la imprenta y ésta los resolvió confiscando (entre otras cosas) todos los ejemplares de dicho libro. Vi un facsímil, para la corrección, pero no lo he visto publicado. Aunque existir, existe. Supongo.
El segundo de mis "último libro" (Maldesarrollo y Mal Vivir. Pobreza y violencia a escala mundial) se publicó en Quito el año pasado. No era el primero que publicaba allí (hubo, antes, Violencias ocultadas, un trabajo sobre la violencia estructural,  y, todavía antes, Pobreza, desarrollo y prospectiva). Pero tenía la impresión de que iba a ser el "último" y no solo allí.
Y ahora va el tercer "último libro". Se publicará también en el Ecuador.
Intrigante historia porque demuestra que no soy de fiar. Tres libros enviados a la imprenta pensando que se trata del "último" (no el que ha llegado el último, sino el que no va a tener otro después) son muchos. Tal vez a la tercera va la vencida y éste sí sea "el último verso que yo escribo". Pero ya no me fío de mí.
Tampoco me fío por otra razón. Lo  he escrito en la presentación de este último "último libro", a saber:
Curiosa relación ésta la mía con un país del que, cuando, en los años 60, salí de él por primera vez y contra mi voluntad, me prometí no volver a él nunca jamás, cosa que, evidentemente, no he cumplido y hasta he hecho del Ecuador casi mi país junto a Bolivia, aunque mi pasaporte, por imperativo legal, siga siendo español. De todos modos, dicho incumplimiento de propósito es una demostración de que no es aconsejable confiar en demasía en lo que yo pueda decir y, menos, prometer.

Lo bonito de los libros es hacerlos. Es diferente del hacer hijos, que también es bonito. Pero con los hijos uno mantiene una cierta responsabilidad. Primero, cuando son indefensos. Después, por una comprensible inercia. En cambio, con los libros, es igualmente placentero hacerlos, pero, una vez hechos, si te he visto, no me acuerdo. Como los hijos, tienen vida propia. Como el unicornio azul, "se fue". 

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