miércoles, 8 de agosto de 2012

Matar no es fácil

Es posible que, como decía Freud en su "La civilización y sus descontentos", el ser humano tenga una pulsión hacia la muerte y la destrucción (Thanatos como opuesto al Eros). Y es también posible que eso que llamamos civilización sea el esfuerzo colectivo y sistemático para evitar que el instinto de muerte lleve la delantera sobre el estilo de vida.
Por otro lado, es obvio que el entrenamiento militar lleva, precisamente, a que el soldado aprenda a dejarse llevar por el instinto de muerte y supere, casi de manera mecánica, el rechazo que siente ante el hecho de tener que matar a un semejante, sea este rechazo fruto de un instinto o fruto de la civilización.
Dejando de lado el asesinato en masa, acto de barbarie, que fueron Hiroshima y Nagasaki y que se explican precisamente por el carácter anónimo de las víctimas y el sometimiento del victimario al principio superior de "los jefes no se equivocan", y cuyo aniversario se está cumpliendo estos días, hay tres casos que merecen la atención a pesar de sus enormes diferencias, a saber, los asesinatos en masa en Siria, los producidos por Wade Michael Page contra el templo sij en Wisconsin y, hace algo más de un año, los de Breivik contra el campamento de jóvenes socialdemócratas en Noruega.
Los del Japón en la II Guerra Mundial, hace 67 años, era asesinatos indiscriminados: lo que tenían en común las víctimas era ser habitantes de dichas ciudades. Y ser inocentes. Es, probablemente, el peor de los asesinatos en masa, aunque no me atrevería a llamarlos genocidios. Pero no voy a ser yo quien convierta un análisis en "cuestión de nombres".
En cambio, los tres que cito tienen en común el etiquetado de las víctimas como enemigos. En Siria, enemigos del poder de unos y del contrapoder de otros. Es una guerra civil y en la guerra civil salen a flote desde viejas rencillas personales a etiquetados exagerados del contrario, todo ello a favor de cliques dirigentes o dominates que envían a los demás a morir. 
El caso  de Page es obvio: los sijs son percibidos por agunos como enemigos de los blancos por ser de otra raza y de otra religión y, en el colmo del delirio, co-responsables del 11-S. Estamos  ante un "blanco supremacista" con motivaciones para matar y con entrenamiento militar para hacerlo bajo ideas claras y distintas, dicotómicas y maniqueas. No es el caso de la matanza de Aurora. Pero sí, probablemente, el de los muertos en el Nigeria dentro de una iglesia cristiana, aunque aquí los victimarios lo perpetraron en grupo. Obsérvese, de paso, que ninguno de estos ejemplos se deja clasificar en categorías sencillas. Siempre hay una mezcla de motivaciones y de objetivos. Y diagnósticos equivocados (como el de asimilar sijs y musulmanes y reducir el 11-S a una cuestión de islamistas, cuestión religiosa al fin y al cabo, sin ver sus elementos políticos, geopolíticos e históricos).
El caso de Breivik, como se ve, tiene elementos en común con los anteriores. Enemigo claro y claramente etiquetado, ejercicio de autodefensa ("o ellos o nosotros"), autolegitimación del acto, inmersión de la acción en grupos más amplios (la "raza blanca", la "civilización europea") y mezcla por tanto de Eros (autosatisfacción) y Thanatos (asesinato de los que impiden dicha satisfacción). Mi resumen del texto que supuestamente habría escrito Breivik es el siguiente (de nuevo, dificultad de clasificar en categorías sencillas):

- El punto de partida es la constatación de que Europa está sufriendo una colonización islámica apoyada por parlamentarios y periodistas.
- Esta colonización viene acentuada por el multiculturalismo o “marxismo cultural” que no solo no se resiste a ella sino que la tolera y, de hecho, la apoya. Los socialdemócratas son los que más claramente se inscriben en esta tendencia.
- Frente a ella hay movimientos de resistencia, “anti-Yihad” cuya estrategia puede establecerse hasta 2083 y que incluye la “ejecución de los marxistas culturales / multiculturalistas” y la “deportación de los musulmanes”.
- La táctica consistiría en la “guerra asimétrica” “infligiendo daños inmediatos pero sobre todo daños indirectos de tipo psicológico e ideológico a largo plazo”. Son “shock attacks”, teatrales y, por tanto, llevados a cabo ante una audiencia: la de los “marxistas culturales, multiculturalistas / globalistas o humanistas suicidas” de modo que sepan que “vamos detrás de cada uno de ellos, si no hoy, mañana, y si no mañana, entonces en 10, 30 o incluso 50 años”.
- El lema es claro: “Luchemos junto a Israel, con nuestros amigos sionistas contra todos los antisionistas, contra los marxistas culturales y los multiculturalistas”. Esos son los enemigos y esos son los aliados.
Los paralelismos con el antisemitismo de "Mi lucha" (aquí islamofobia) son chocantes y los he desarrollado en otra sede. Pero hacen ver la diferencia entre las matanzas de Siria y las otras dos, pero no en este punto: lo fácil que resulta, en determinadas circunstancias personales o colectivas, superar la repugnancia a matar a los semejantes: basta con declararlos "no-semejantes" o, como hacían los nazis con judíos, gitanos y homosexuales, "sub-humanos" que atentan (maquinan) contra nuestra identidad y bienestar.

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