viernes, 10 de agosto de 2012

Informar y opinar

Informar tendría que ser: "ha sucedido esto y lo otro en tal sitio y a tal hora". Opinar, en cambio, tendría que ser "lo cual me parece una barbaridad" o, si se prefiere una forma de opinar más suave, "lo cual significa que podría suceder lo de más allá". Como se ve, prescindo de la desagradable manía de opinar mediante adjetivos/calificativos que se añaden a la información (el dictador Fulano, el mentiroso Mengano, la insoportable situación y cosas por el estilo).
Zapeando por las televisiones veraniegas y esperando que el resto de comensales se presentasen, vi un espectáculo en el que la frontera entre informar y opinar no era tan clara como la que acabo de intentar definir.
Se trataba de una de esas menguantes tertulias (talk shows, en el que el talk es menos importante que el show). Dos periodistas se han llegado a enfadar el uno con el otro hasta el punto que uno ha espetado un "mentiroso" al otro. Se supone que estaban informado y, en la peor de las hipótesis, estaban opinando en el sentido suave al que me he referido.
La cuestión era la siguiente: por un lado, se afirmaba que el déficit público español habría sido causado por la mala gestión del anterior presidente del gobierno. Por otro, se negaba la mayor, se afirmaba que el déficit no había sido causado por dicho personaje y que el problema real era el que ahora se estaba produciendo. Ya antes, este último había mostrado una foto de una situación con el presidente Obama como interlocutor del anterior presidente español, y había comentado los paralelismos y diferencias con la relación entre el presidente estadounidense y el actual español, cosa que ya había inquietado al contrario.
Porque se trataba de contrarios. Por un lado, los que quieren echar todas las culpas de la situación española presente al anterior presidente. Por otro, los que subrayan la mala gestión del actual gobierno.
¿Qué pienso? Equidistante. El anterior gobierno hizo muchas cosas mal, como el previo a éste había hecho cosas mal (por ejemplo, en el terreno inmobiliario). Y el actual gobierno está haciendo muchas cosas mal. La excusa de que "lo de fuera" manda, es válida para ambos. Y lo mismo puede decirse del miedo de ambos a que el sistema financiero local se fuera al garete, para lo cual ambos han tenido que mentir descaradamente ya que saben que una parte importante del funcionamiento de dicho sistema no se basa en datos sino en opiniones, rumores, sentimientos.
Fue un miserable (adjetivo calificativo que uso sabiendo lo que hago) ejercicio de arrimar cada cual el ascua informativa a su sardina ideológica, abandonando cualquier intento de informar en el sentido al que me he referido. Por ejemplo, nada sobre: cuándo empieza el déficit, por qué se produce (antecedentes, factores intervinientes, opciones que estaban abiertas) y cómo se afronta empíricamente (no en fantasías o mentirijillas políticas). Mi problema es que su opinión (y más en el sentido duro en que apareció en el percance que abandoné rápidamente, que para eso está el mando a distancia) me importa un bledo.

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