jueves, 26 de julio de 2012

Violencia en Irak

Hace un par de días un experto en el tema terrorista (o, para ser exactos, un experto en exponer la versión oficial del Departamento de Estado estadounidense) publicó un texto en un periódico "de difusión nacional" y hasta "global" en el que demostraba que el terrorismo en Irak no se debía a la ocupación estadounidense según habían afirmado algunos ("Is the occupation, stupid"). 
Su argumento era impecable: si la causa del terrorismo en Irak es la ocupación, terminada ésta, tendría que terminarse el dicho terrorismo; es así que la ocupación ha terminado desde diciembre y el terrorismo sigue produciéndose allí, luego la causa del terrorismo en Irak no es la ocupación.
El argumento podría haber sido otro. Por ejemplo: si la causa del terrorismo en Irak es la ocupación, habría que ver si había terrorismo antes de la misma; es así que antes de la ocupación no había terrorismo, luego la causa es la ocupación ya que el terrorismo ha aparecido "después" de la misma.
Ambos argumentos son más que discutibles. El segundo es una variante del "post hoc, ergo propter hoc" (se puede deducir -ilegítimamente- que si A viene después de B es porque A ha sido producido por B). El primero pasa por alto la variable temporal y lo que podría llamarse la "inercia social": una vez puesto en marcha un proceso, no es tan fácil detenerlo; de hecho, es más fácil pegar un frenazo con un coche que con un barco.
Hay, pues, otra versión: bajo Sadam Husein (como, por cierto, bajo Tito), el sistema político mantenía determinadas tensiones religiosas, étnicas, sociales y hasta "raciales" bajo control. Las tensiones existían, pero su manifestación era mantenida como en sordina. Una vez suprimido el régimen (insisto, vale también para la extinta Yugoslavia), afloran las tensiones y, en el caso de Irak, vienen exacerbadas por una ocupación extranjera (como sucedió con la ocupación francesa de territorios de la Península Ibérica a principios del siglo XIX, con el consiguiente "cabreo" por parte de algunos indígenas). La violencia genera violencia: es como un círculo vicioso de acción-reacción, como pretendían los militantes violentos de la ETA vasca. Pero como en el "aprendiz de brujo", ese afloramiento de tensiones no puede detenerse así como así una vez puesto en funcionamiento, de modo que si alguien pretendió hacerlo desaparecer gracias al fin de la ocupación (en la extinta Yugoslavia fue por otros caminos), se equivocaba. La ocupación fue la causa en la medida en que cambió el régimen; el fin de la ocupación no ha podido evitar que la violencia siga. 
Las cosas, desgraciadamente, son algo más complicadas de lo que la propaganda quiere hacernos creer.

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