lunes, 2 de julio de 2012

Sin generalizar sobre las religiones

Tengo un amigo islamófobo: cree, a pie juntillas, en el carácter intrínsecamente violento del Islam y, por tanto, de todo musulmán que, en consecuencia, podría atacarle en cualquier momento. Ni se me ocurre "luchar" contra tal prejuicio y, mucho menos, mediante una estrategia islamófila haciéndole ver el carácter pacífico del Islam y, por tanto, de todo musulmán. Porque ambas posiciones tienen en común un error frecuente: el de generalizar.
Cierto que necesitamos generalizar para conocer. La palabra "árbol" es una generalización: atribuimos a pinos, higueras, olivos y palmeras (por quedarme en el Mediterráneo) características comunes que les hacen merecedores del término "árbol". Es legítimo. Lo que ya no es legítimo es atribuir a un grupo de árboles (por ejemplo, olivo o palmera) lo que es propio de otro (perder la hoja en otoño o florecer a finales de primavera). De hecho, el "comportamiento observable" de la higuera no es el mismo que el de la jacaranda y, no digamos, el de la palmera. El problema, pues, consiste en qué incluimos en la definición de "árbol", no la generalización.
Claro que hay una "cosa" ahí fuera que puede llamarse Islam (o, si se prefiere, musulmanes). Es una generalización como lo es cristiano. Características comunes que le hacen merecedor de tal término. Legítimo también. Pero no es legítimo atribuir a los sufíes lo que es propio de wahabitas como no lo sería atribuir a los protestantes lo que es propio de católicos u ortodoxos. Lo mismo: no es lo mismo el musulmán laico que el musulmán salafista como no se puede atribuir a los pacifistas cristianos lo que es propio de fundamentalistas cristianos que matan para evitar el aborto (son casos muy raros, pero reales).
Se puede recurrir a porcentajes. Lo digo para seguir con el argumento de mi amigo. Lo sabemos para Europa: a partir de la Encuesta europea sobre valores y la Encuesta social europea se describe la heterogeneidad de la población de religión musulmana que vive en Europa. Así, los musulmanes tradicionales serían el 40 por ciento. Tienen muchos puntos en común con los conservadores de otras religiones, incluido el cristianismo, con respecto a la sexualidad, el matrimonio, la investigación científica y demás argumentos controvertidos por ellos. Después están los que creen que la Ley de Dios tiene prioridad sobre las leyes hechas por el hombre: son el 20 por ciento. Ambos estarían de acuerdo en que el Islam es religión de paz. Pero hay más: los radicales, que son el 6 por ciento, asociados con tendencias wahabitas y similares. Finalmente están los salafistas, los que quieren pasar a la acción y que ésta sería violenta: no son más del 1 por ciento. Los restantes, hasta llegar al cien por cien, es de suponer que componen el “Islam sociológico” como en España la mayoría sigue siendo del “catolicismo sociológico”, es decir, bien poco practicante y casi nada creyente.
Todo esto para llegar a la noticia reciente: la destrucción en Mali de mausoleos musulmanes a manos de musulmanes después de que Tombuctu fuera declarado por la Unesco patrimonio en peligro. Si lo que se trata es de probar el propio prejuicio, cada cual tomará de esta noticia el aspecto que más le interese (atacantes musulmanes vs. atacados musulmanes). Pero se tratará de una generalización ilegítima a partir de un comportamiento observable violento por parte de unos musulmanes, no de todos. Y violento podría ser el comportamiento de los que están dispuestos a defender el arte, pero no las personas. Kenia es otra cosa.
(Añadido el 4 de julio: ahora les entiendo -aunque no comparta sus ideas-. Y es que son iconoclastas, como los hubo entre los cristianos. Creen que tener imágenes de santos -algunos grupos protestantes también lo creen, pero no se ponen, como los antiguos iconoclastas, a destruir imágenes aunque la Biblia prohíba hacerlas y adorarlas/venerarlas- no es compatible con la creencia en un solo dios)

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