miércoles, 18 de julio de 2012

Regresistas: haberlos, háylos

“El eterno retorno”, en versión Nietzche o en elaboración de Eliade, se refiere a otra cosa: a que todo vuelve, a que el tiempo es cíclico. Pero hay retornos salvadores que, a lo más, se repiten una sola vez: algo del pasado vuelve a restaurar el orden.
Eso sí, hay retornos trágicos. Como el de Wiracocha en los Andes: esperaban el retorno de un héroe civilizador, barbado, y se encontraron con los conquistadores a los que confundieron con Wiracocha, con gran entusiasmo por parte de los que llegaban con otros propósitos y que no desdeñaron ser llamados wiracochas, que ahora significa “caballero” en quechua.
Otros retornos son fallidos. Como el que dio origen a los Adventistas al ver que el 22 de octubre de 1844 Jesús no regresaba a la Tierra como se había anunciado. Es lo malo de ponerle fecha al evento, cosa que será digna de ver cuando llegue el “fin del mundo” maya el próximo diciembre. El consejo, para quienes quieran hacer estas profecías, es que no digan “ni el día ni la hora” si no quieren generar más problemas de los que resuelven.
Los retornos son muy frecuentes, en religiones y en nacionalismos. En religiones, además del americano ya citado, está el Mesías para los judíos que, en realidad no es un retorno sino una primera venida. De hecho, hay sectas judías que suponen que Israel no podrá ser Estado hasta que no venga el Mesías, razón por la que niegan a Israel el estatuto de Estado, considerado una abominación. Jesús de Nazaret fue visto por sus seguidores como ese  Mesías esperado cuya Segunda Venida quedaría para los cristianos (véase lo dicho sobre los Adventistas).
Hay más retornos: el Iman oculto para los musulmanes que difieren entre chiítas, sunitas e ismaelíes en el cómo imaginar al Madhi, aunque su regreso podría coincidir con el de Jesús. Y está el bodhisattva Maitreya para los budistas, el próximo Buda histórico, sucesor de Siddhartha Gautama.
Por lo general, se trata de retornos supuestamente inmediatos para que así surtan efectos en sus creyentes. El “largo me lo fiáis” no tiene tanto impacto o, con el tiempo, traduce en esperanza lo que era espera fervorosa inmediata. El Padre Nuestro, por ejemplo, pudo haber sido una oración de los primeros cristianos que esperaban el regreso inmediato del Padre para que triunfase y se hiciera su voluntad en la Tierra. Después quedó en la oración “que Jesús nos enseñó”.
No todos los nacionalismos tienen el mito del retorno entre sus dogmas y es raro que su mitología incluya a un ser mítico que regresa. Pero el modelo tiene interesantes parecidos. Un ejemplo puede ser el españolismo franquista. La letra que José María Pemán compuso para el Himno Nacional pedía un “alzad los brazos hijos del pueblo español que vuelve a resurgir”. El “Cara al Sol” falangista y su “en España empieza a amanecer” se parece al “It’s morning again in America” o “America is standing tall again” que proclamaba Ronald Reagan. Volviendo a los falangistas, nada mejor que “Nuestra España gloriosa nuevamente ha de ser la Nación poderosa que jamás dejó de vencer”.
La idea general es la de proponer un futuro glorioso que consiste, básicamente, en el retorno del pasado igualmente glorioso. Si fue glorioso o no, eso no se discute. Lo que se sabe es, por ejemplo, que “Catalunya, triomfant, tornarà a ser rica i plena” del mismo modo que los escolares peruanos, en la Sierra, cantaban que volvería a relucir “el Sol de los Incas en el porvenir”. Por lo menos, Els Segadors se canta en catalán, que lo que escuché en castellano chirriaba un poco con el quechua que se suponía habían impuesto los incas como lengua imperial, antes de que se impusiese el español.
Estas ideas mesiánicas aparecen donde menos te lo esperas. La idea del tópico marxista de que el proletariado salvará al sistema llevándolo al paraíso no se diferencia mucho de lo que he escuchado a algunos  “indignados” seguros de que el futuro es suyo o en los mexicanos del “Yo soy 132”. Sí eran de esperar en sectores indígenas en los Andes (sobre todo en Bolivia) que están convencidos de que su brillante futuro coincidirá con su no menos brillante pasado ancestral. Pero, como todos los que esperan el retorno (o venida) del mesías que instaurará el paraíso en la tierra, para ello tienen que efectuar una espectacular manipulación de los datos históricos. Y hasta del presente si hace falta. Hoy es 18 de julio.
(Publicado en el diario Información - Alicante-. Para ajenos a ese mundo, por edad o nacionalidad, el 18 de julio se conmemora en España el comienzo de la última guerra civil)

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