martes, 3 de julio de 2012

Lecciones mexicanas

Algunos temas que me han dado que pensar una vez vistos los resultados y reacciones ante los comicios mexicanos del domingo:
1. El desencanto que se ha palpado en algunos "yo soy 132" o simpatizantes que habían confundido "masivo" con "mayoritario", es decir, se habían dejado seducir por la inmersión en la masa (dicho sin ningún sentido peyorativo, como hacía Gustave Le Bon) hasta perder el sentido de la proporción. Los trabajos de psicología social mostrando cómo la presión del grupo impide muchas veces una correcta percepción de la realidad son relevantes a este respecto.
2. El tesón de los que saben que han perdido en su porfía contra Peña, pero que siguen pensando que hay que trabajar por lo que los gachupines llamarían "democracia real ya".
3. La confusión, entre los perdedores, entre datos, interpretaciones y suposiciones. Los primeros han de ser tomados con cautela (viene ahora, en el punto 4), las interpretaciones son legítimas si se quedan en tales, pero no si se dan como datos. Y las suposiciones suelen ir en consonancia con los pre-juicios de quien las hace. Ya no está tan claro el juicio que se emite a partir del trío recién indicado.
4. La compra de votos. No es el único país en el que he oído o leído referencias a los métodos para comprarlos. En las Españas se llama "voto cautivo" y, en la pasada historia, caciquismo. La cuestión es saber si solo la ha llevado a cabo el ganador o también ha habido comportamientos discutibles en otros candidatos. Si solo se acusa al ganador (acusación que no dudo puede tener fundamento), tengo motivos para sospechar de su carácter sesgado.
5. Lo que resulta más complicado de asumir, aunque se afirma, es que el gobierno y sus instituciones hayan laborado contra sus intereses y hayan apoyado al candidato ganador con medios más o menos legítimos. Me cuesta creer que el PAN haya trabajado para el PRI. El argumento de que ambos son neoliberales tiene un exceso de ideología (aunque probablemente sea cierto).
6. Como la cabrita tiende al monte, me resulta curioso el argumento de que Peña habría ganado gracias (entre otras cosas, supongo) a la campaña mediática que le daba como ganador desde el principio, campaña ayudada por encuestas supuestamente amañadas para reforzar tal impresión (algunas las he reproducido aquí). Es casi imposible predecir si el electorado va a reaccionar apostando a caballo ganador o va a tener la reacción de subirse al vagón de cola. Que ese haya podido ser el caso con AMLO, es posible. Pero eso se sabe a toro pasado.
7. Buscarle intencionalidad a partir del hecho de que las encuestas fallaron tampoco tiene mucho sentido. Es habitual y en todos los países que las encuestas fallen. Afirmar, primero, que en un determinado momento hay una determinada intención de voto es complicado técnicamente. Pero, segundo, extrapolar de dicha intención hacia lo que será el comportamiento efectivo es igualmente difícil. Que se hayan equivocado en las cantidades no tiene mayor significado.
8. ¿Es menos democrático el México del domingo pasado que los Estados Unidos cuando Bush II se enfrentó a Gore y obtuvo el triunfo como lo obtuvo? ¿Hizo mal o hizo bien Al Gore al aceptar dicho resultado a pesar de saber que era él el que había ganado? En el caso de México, resulta difícil demostrar que AMLO haya ganado aunque se puedan demostrar (como se puede) irregularidades que reducirían su margen de victoria pero ¿se la dan a AMLO? La diferencia entre el primero y el segundo clasificados no permite, dicen, afirmarlo, por mucha irregularidad que haya habido.
(Añadido el 6 de julio: Una razón para el fallo de las encuestas que no necesariamente se debe a deseos de manipulación por más que Consulta Mitofsky trabaje para Televisa y ésta para Peña la aporta Julio Botvinik en su columna. Se trata del problema que supone hacer una muestra representativa del conjunto del país cuando las diferencias entre las intenciones de voto son tan heterogéneas y, en algún caso, tan bajas. Éste es su gráfico aunque no se vean bien los colores:

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