martes, 12 de junio de 2012

Por qué votan los obreros

Es algo que ocupa a los investigadores del asunto: por qué los obreros votan a partidos que, en teoría, no van a defender sus intereses, es decir, a partidos de la derecha. No solo eso, votan a la extrema derecha. Obviamente, no todos lo hacen, pero sí es cierto que el porcentaje que hace tal cosa no es despreciable y hay que explicarlo.
Una primera explicación, tampoco despreciable, es que, a fin de cuentas, tampoco es que haya tanta diferencia entre los partidos de "derechas" (o de "centro reformista" como prefieren clasificarse aunque los hay "orgullosos de ser de derechas") y de "izquierdas" si para estos últimos se piensa únicamente en los que tienen probabilidades de llegar al gobierno (desde la eterna oposición, la retórica es todavía más gratuita que las falsedades en los programas electorales de los que quieren llegar al gobierno y pueden llegar a ello). Como ahora estoy pensando en los Estados Unidos, cierto que hay diferencias entre Demócratas y Republicanos, pero tampoco es que sean tantas.
Una segunda explicación, viene de esta encuesta de Gallup:
2012 Presidential Vote Preferences Among Union Members, April-June 2012
La cuestión no es ser obrero ("clase en sí", que diría el otro) sino el estar sindicado ("clase para sí", por seguir con la cita erudita para lo que otros llaman "conciencia de clase"). Algo avanzamos, pero, aunque la diferencia entre sindicados y no sindicados sea significativa, sigue siendo chocante el alto porcentaje de obreros que van a votar por Romney, en teoría su adversario de clase. Pero lo que no dice la encuesta es qué sucede con todos los obreros, es decir, qué pasa con los que no se han registrado para votar y que supongo son la mayoría. La política, tal vez, no va con ellos, que ya tienen bastante con su brega diaria como para perder el tiempo en disputas bizantinas llevadas a cabo a través de anuncios televisivos.
Hay, de todos modos, respuestas más elaboradas como ésta en el Guardian en la que la capacidad de la derecha para sugerir los términos en discusión (pro domo sua, of course), los efectos paralizantes de la inseguridad y el miedo ante el colapso de la propia sociedad y el deseo de ley y orden que tienen mayores efectos que las generalidades de la izquierda sobre el "estado del bienestar", las desigualdades y demás asuntos que, una vez en el gobierno, no parecen preocuparles tanto. Para una mala copia, prefieren el original y dejan de lado a los vociferantes, cargados de razón y de razones, pero que sufren el castigo del "voto útil": como se sabe que no van a ganar, no se les vota, y, en cambio, se opta por el que mejor encaja con lo propio entre los que sí pueden gobernar. Lo cual no quita para que, por lo menos en el caso francés, las "clases populares" se vean cortejadas tanto por la derecha como por la izquierda extra-gubernamental.
En todo caso, cualquier cosa menos el automatismo acrítico que impone la ideología y que se extiende a la pintada que leo cerca de mi casa: "la crisis que la paguen los capitalistas". ¿Capitalistas? Por un lado, todos vivimos en un sistema capitalista y, por otro, también ahí debe de haber una clase en sí y una clase para sí y numerosas subdivisiones que hacen de la pintada perfectamente un sinsentido.
Y un gráfico ominoso: el que relaciona, para los Estados Unidos, el porcentaje de renta que consigue el 10 por ciento más rico (creciente, como se ve) y la tasa de sindicación (sindicalizados en proporción de la fuerza de trabajo, decreciente como se ve). Sería poco serio relacionar una cosa con otra como causa y efecto, pero da que pensar.
Unions and inequality
Obsérvese, de paso, qué sucedió en la crisis del 29-39 para una y otra variable. Y qué ha pasado después. 

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