viernes, 22 de junio de 2012

No hay dios en esta Tierra

Quiero decir que no hay nada ni nadie que, de tejas para abajo, pueda considerarse que es omnipotente, omnipresente y omnisciente. No entro a discutir si existe o puede existir un ser de tales características a escala del universo. La tendencia humana, a lo que parece, es a la fe en su existencia terrenal.
No niego la potencia, presencia y conocimientos de los fondos privados de inversión internacionales y sus fautores o prosélitos, los bancos internacionales. Ni de determinados fondos soberanos de inversión, igualmente internacionales. Ni, como ya he comentado, el papel que juegan las apuestas en este casino que se ha convertido la economía internacional. Pero no son divinos en cuanto a su omnipotencia: Soros sacó a la libra del Sistema Monetario Europeo, pero perdió millones jugando contra el yen o el rublo.
Tampoco son tontos. Puestos a apostar, tienen que hacerlo con un doble límite: no pueden pelear contra alguien demasiado fuerte (el riesgo de perder la apuesta es alto, tal vez demasiado alto como para meterse en él) ni contra alguien demasiado débil (el beneficio de especular contra una moneda muy marginal, es mínimo). 
Pero que están un poco por todas partes tendría que ser obvio aunque no sea más que teniendo en cuenta que si el Producto Mundial va por los 60 billones de dólares, las transacciones en moneda extranjera casi llegan a los mil billones en 2010.
Atribuirles más poder del que tienen, es propio del pensamiento religioso secularizado, muy frecuente en la izquierda de la izquierda. Pero ocultar su existencia bajo nombres genéricos ("los mercados") o mediante maniobras distractivas es también frecuente, tal vez más en la derecha.
Esos actores existen. Pero no son dioses.

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