domingo, 17 de junio de 2012

Gibraltar español

No sé por qué, pero las recientes movidas sobre la españolidad de Gibraltar me suenan el "gibraltar español" de tiempos de Franco (o el ataque a la isla de Granada en tiempos de Reagan o la reivindicación territorial ecuato-peruana en tiempos de Velasco Ibarra), es decir, una forma de fomentar los sentimientos nacionalistas (el fútbol -"la roja"- también sirve) que distraigan de asuntos más acuciantes y complicados. En estos dos últimos casos, hubo guerra: en el 83 invadiendo dicha isla y en el 95 enfrentándose ambos ejércitos bajo las respectivas presidencias de Fujimori y Durán Ballén.
El punto central, en el caso del Reino Unido y España sobre Gibraltar, ha sido una disputa sobre el acceso a las aguas en las que se puede pescar, cosa que se ha hecho con apoyo (o defensa) de fuerzas armadas aunque sean "civiles" (una bella contradicción española: la "guardia civil" como instituto armado). Como la cosa ya estaba a punto de caramelo, un miembro de la casa real inglesa ha visitado el Peñón y ha sido recibido con entusiasmo por los gibraltareños que se encargaban de decir ante las cámaras lo de "somos ingleses" (no: son del Reino Unido, pero entiendo que peor es meneallo). Para arreglarlo, el ahora hiperactivo monarca español se ha acercado a la frontera para mostrar su apoyo (que vaya usted a saber lo que vale más allá de lo propagandístico o, si se prefier, simbólico).
Hasta ahí la historieta reciente. Pero mis problemas son otros:
El primero es el uso de la historia para reivindicar la "propiedad" de unos territorios. Gibraltar fue de la corona española (me resisto a decir "de España" porque no tengo claro que existiese tan sujeto jurídico en aquel momento) hasta que se perdió en una guerra por la sucesión del trono de Madrid (vale: de España). Pero la historia poco vale si no se introduce un criterio de caducidad: hasta cuándo hay que aceptar que esa ocupación genera derecho. Los españoles se sonríen cuando se les dice que en algunos textos de Al Qaeda se reivindica el derecho a Al Andalus (que, claro, influcye Gibraltar). Y si uno se toma en serio los mapas que hay en un muro de los Foros romanos, Gibraltar fue "romano", hoy italiano. La historia, creo, sirve, en este caso, para un roto y un descosido.
El segundo es el de la "identidad territorial". Visto en el mapa, Gibraltar es una cosa rara: un enclave británico en geografía española, justificando así los deseos del gobierno español de recuperar su "integridad territorial", para lo cual lo recién indicado sobre la Historia tiene su peso. Y sus problemas: las Malvinas-Falkland en primer lugar, pero, sobre todo, Sebta-Ceuta y Melilla, ruptura de la integridad territorial marroquí. Claro, dirán los historicistas, ambas colonias fueron ocupadas por españoles antes de que existiese el reino alahuita, luego Marruecos no puede recurrir a la historia. Pero sí puede recurrir a la geografía ante tamaña anomalía.
Queda el tercero: el del recurso a la voluntad de los habitantes, no a la voluntad (o a los trucos) de los gobernantes que responden "ante Dios y ante la Historia", pero no ante sus electores una vez estos les han confirmado en gracia y les ha imprimido carácter como para estar por encima del bien y del mal. El caso de las Malvinas se verá el año que viene y puedo imaginar el resultado: en un referéndum, elegirán seguir dependiendo de Londres. ¿Qué sucedería si se plantease un referéndum parecido en las colonias-territorios-ciudades autónomas -táchese lo que no proceda- todavía españoles? Pues que la cosa quedaría menos clara, pero seguiría ganando el unionismo: seguir dependiendo de Madrid. ¿Y Gibraltar? Como las Malvinas. Y en los tres casos, me parece, por motivos que poco tienen que ver con soberanías, identidades nacionales, historias y geografías y sí con la economía: petróleo, contrabando y paraiso fiscal son tres buenos argumentos respectivos para que nada cambie.
Y los políticos, a la suya. A tomar el fútbol como modelo. A quién le importa la voluntad popular...

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