miércoles, 16 de mayo de 2012

Y después el dólar

Immanuel Wallerstein, en su Comentario 329 de ayer, hace un recorrido sobre las elecciones europeas incluyendo el referéndum irlandés del 31 de mayo. No es excesivamente pesimista sobre el futuro del euro y sobre la capacidad de la Unión Europea de capear el temporal mundial que se está produciendo. Pero termina con dos observaciones ominosas: una, sobre el futuro de los fondos soberanos, que se me escapa. La otra, más comprensible para mí, sobre el futuro del dólar como moneda de referencia.
Con un cambio, a día de hoy, de 1,2 dólares por euro, se podría decir que "la guerra ha terminado". Me refiero a la guerra de los que se benefician del dólar contra los que se benefician del euro. En el caso del dólar, son los que, al haber una demanda de dólares mundial, pueden permitirse el lujo de imprimir moneda (QE, quantitative easing) sin excesivos efectos inflacionarios: el gobierno de los Estados Unidos y sus élites. Pero estos no podían aceptar con los brazos cruzados que el euro fuese una moneda alternativa a medio plazo como parecía que podía haber llegado a serlo para gran alegría de los bancos y empresas alemanas. A estas alturas, hay demasiados nubarrones sobre el cielo del euro como para no ver que, efectivamente, "la guerra ha terminado".
Pero el dólar podría morir de éxito, porque mientras se enzarzaba en una exitosa pelea con el euro (como exitosa fue su pelea con el Japón, como potencia alternativa), los BRIICS (por lo visto hay que añadir a Indonesia) han empezado a comerciar en sus propias monedas (y no son los únicos, porque Irán ha cometido el mismo pecado imperdonable para un país de su tamaño -si fuese más grande, no se consideraría un pecado, como bien saben los BRIICS-), piensan (si la India no sigue obediente a los Estados Unidos en este punto) en un Banco alternativo al Banco Mundial y abandonan progresivamente al dólar. Cierto que la China, al ser el primer tenedor de bonos del Tesoro estadounidense, puede tener sus reparos a hundir(se). 
Aun así, el problema, para el dólar, no viene únicamente de fuera (como pretenden los políticos estadounidenses, sobre todo del Partido Demócrata), sino sobre todo de dentro: una mala economía, mayor desigualdad, fracturas sociales, deudas impresionantes... La deuda pública estadounidense viene a coincidir con su PIB: 14 billones de dólares. Añádanse las restantes deudas, véase que, como las Españas, no tiene crecimiento para afrontarlas a medio plazo y se tendrá una idea de la debilidad interna del dólar compensada por una política de "cañoneras" que tampoco es sostenible a medio plazo como no lo fue para los Austrias: el armamento, aunque una parte importante vaya a las exportaciones, ha de comprarse y para eso hace falta más dinero.
Una vez más: el problema no es local: es sistémico.

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