miércoles, 2 de mayo de 2012

Preocupaciones católicas

Los miembros de cualquier religión son mucho más heterogéneos en sus creencias, comportamientos y valores de lo que las visiones "desde fuera y lejos" pueden hacer creer. No todos los judíos son iguales: entre un haredi y un "laico" hay notables diferencias. Lo mismo puede decirse de los musulmanes: entre un sufí y un salafista hay, tal vez, todavía más distancia. Lo que ahora veo son las diferencias, que ya conocía, entre católicos. 
Claro que, entre un miembro del Camino Neocatecumenal o un devoto miembro del Opus Dei y un seguidor de la "teología de la liberación" hay mucho espacio ideológico, ético y hasta me atrevería a decir religioso. La persona que está en uno de esos grupos lo hace, tal vez, porque cree estar en el grupo correcto y, en consecuencia, verá a los otros como desviados y aberrantes. Hasta desordenados, si me apuran. 
Lo que ahora encuentro es un aviso del Vaticano para que las monjas estadounidenses, aquejadas de "feminismo radical",  no se preocupen tanto de la justicia social y hablen más de cuestiones que tienen que ver con el aborto, la homosexualidad y la indisolubilidad del matrimonio. 
Pues sí: las divisiones sociales cuentan a la hora de hablar de una religión como un todo homogéneo. De un país a otro las hay incluso dentro de las órdenes religiosas. La composición de clase también cuenta: qué clases sociales están más presentes en los distintos grupos. Y, ahora, la perspectiva de género. Pero ya se sabía (Gallup de por medio) que hay diferencias notables entre los católicos hispanos y los no-hispanos y, en general, entre los católicos fervientes y los "católicos sociológicos" en lo que respecta a sus preferencias electorales. Pero igual esto se considera una banalidad poco profunda. No me lo parece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario