domingo, 27 de mayo de 2012

Masivo no es mayoritario

El desencanto de los que se manifestaron en la plaza Tahrir tiene elementos en común con el que se produjo en las Españas entre los que se manifestaron contra la guerra de Irak y, por tanto, contra el PP. Ambos han visto que aunque las manifestaciones fuesen masivas, a la hora de traducirlas en votos en las urnas, los que no se manifestaron fueron más numerosos. En el caso egipcio, dando como opción a un sucesor de Mubarak (el mismo Mubarak contra el que se levantaron en aquella "primavera") o a un islamista, bien es cierto que "moderado" (¿hay católicos moderados?), pero, en todo caso, ajeno al espíritu laico que animó a los revolucionarios de Tahrir y otras ciudades. Que esa es otra: no fue en todo Egipto ni, en el caso de El Cairo, no fue todo El Cairo. Lo mismo con los manifestantes españoles: ganó el PP en las inmediatas elecciones y sin márgenes.
El elemento "masivo" es, por tanto, engañoso. Primero, porque al obtener mayor cobertura en los medios de comunicación (¡hay foto! ¡hay foto! y, por tanto, hay noticia visible... y superficial) da la impresión de que es "la" realidad: si no está en los medios es que no existe y, a la inversa, si está en los medios es que existe. Y ambas proposiciones son falsas: hay cosas -muy importantes y llenas de consecuencias- que no están en los medios y sí que existen y cosas que están en los medios (incluso con foto!!!!!, como algunas que se vieron en la preparación de la primera Guerra del Golfo -y en la segunda-) y son totalmente falsas.
Para el caso egipcio, las encuestas de Gallup eran claras:
Las protestas eran mala cosa a lo largo de 2011. 
La otra razón para confundir masivo con mayoritario es más de tipo psicológico y tiene que ver con la pérdida de realidad que trae consigo el sumergirse en un grupo de iguales o, por lo menos, de semejantes: se confunde "mi" mundo con "el" mundo. De hecho, uno de los objetivos de las manifestaciones y los mítines no es el de convencer al que no va, sino el de "confirmar en la fe" al que asiste a los mismos, que se ve reforzado en sus creencias.
Algo parecido sucedía con Occupy Wall Street (y estoy convencido que sucede con los "indignados" españoles, israelíes, quebequenses o mexicanos). Que, creyéndose representantes del 99 por ciento frente al 1 por ciento, obtengan otro tipo de apoyo, también documentado por Gallup.
Tienen a favor a una cuarta parte de la población, en contra a un 15 por ciento, pero son ignorados por un 60 por ciento.
Es fácil explicar estos desfases entre autopercepción y realidad. Por eso no es tan raro encontrar que cuando se trata de votar no sucede lo mismo que cuando se trata de salir a la calle o a las plazas. Todo ello con el agravante de que algunos de los que se echan a la calle no votan o por edad (raro) o por ideología (menos raro) o por costumbre (no infrecuente). Así que, en los Estados Unidos, sigo pensando, aunque con menos claridad que hace un año, que perderá Obama. Lo cual quiere decir que ganará Romney, es decir, el representante del 1 %.

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