sábado, 5 de mayo de 2012

Gato por liebre

Escuché la otra noche (en la españolísima radio Intereconomía para más señas, que es como la FOX, pero en más parroquial) el siguiente argumento: como un representante del partido socialista había recordado que el Partido Popular tiene mayoría en las Cámaras, pero no en el electorado, el tertuliano, olvidando el precepto escolástico de que contra facta non sunt argumenta (los hechos son los hechos), recordó que en la Rusia pre-revolucionaria, los "bolcheviques", que eran minoritarios, se llamaron a sí mismos "mayoritarios", dejando el apelativo de "menchevique" (minoritario) para los que eran mayoritarios. Con eso, a lo que parece, se contrarrestaba el argumento socialista por más que se basase en un hecho incontrovertible. 
Da la impresión de que el "anticomunismo" sigue vigente sin darse cuenta de que tal "anticomunismo", en realidad, es "antisovietismo", fruto de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética ya no existe. Hay que buscar otros argumentos para achantar al contrario. Por ejemplo, que, siguiendo a Orwell y su Homenaje a Cataluña, fue la Unión Soviética la que hizo fracasar la revolución española en aquella Guerra Civil. Las visiones maniqueas son buenas para la lucha política, pero pésimas para el análisis concreto de situaciones concretas.
Otro truco que se suele utilizar (y lo he leído en mi periódico local) es el de prescindir del contexto histórico. Por ejemplo, decir que aunque Aznar nos metió en una guerra injusta, sin embargo con ello consiguió que no nos nacionalizaran ninguna empresa española ya que, al poner a España al servicio de Bush, los Estados Unidos se convertían en el paraguas protector contra cualquier ataque. España sería una lamprea que se beneficia de los desperdicios del tiburón, sería mi traducción. Pero atribuir a tal hazaña bélica el carácter que se le atribuye y hacer ver que con Zapatero y Rajoy "nos" toman el pelo por bajitos, es no darse cuenta de que el viento de la Historia ha cambiado y ahora se están nacionalizando empresas energéticas con independencia de dónde está su "cuartel general". Todo eso al margen de la "españolidad" de las empresas nacionalizadas, asunto al que ya me he referido en días pasados.
Y el más evidente, y no por ello menos usado, consiste en atribuir a un hecho el carácter de causa de otro cuando, en realidad, son hechos que tienen lógicas diferentes. Decir que la salida del sol es la causa del aumento de tráfico en las ciudades es problemático. Lo era, en los años 60 y en la España de entonces, el atribuir a las cigüeñas la causa de la natalidad (las cigüeñas traen a los niños) basándose para ello en la constatable correlación, en los municipios españoles de entonces, entre el número de cigüeñas y la tasa de natalidad. Uno y otro fenómeno tenía que ver con un tercero: la mayor o menor ruralidad del municipio.
La amargura de Zapatero y la perplejidad de Rajoy se producen por pensar que ellos son la causa de una situación en la que no es que no se vea la luz al fin del túnel: es que no se sabe si hay túnel o no. La realidad podría ser la contraria: es la situación la que genera la amargura y la perplejidad y no Zapatero o Rajoy los causantes de la situación. Pero, claro, llegan los tertulianos y se dedican a hacer frases como titulares (es el defecto del actual ministro de Educación) y a arrimar el ascua a su sardina. Y los tertuliados (los fieles devotos que siguen las paridas de los de la propia cuerda) a repetirlas y sentirse confirmados en su fe.
No vendría mal un "sosegaos" y un ponerse a ver qué pasa en lugar de saltar rápidamente a quién causa lo que pasa. Porque (citando a Ortega en esta banalidad), no sabemos lo que pasa y eso es lo que pasa.

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