jueves, 19 de abril de 2012

Traduttore traditore

El dicho no debería referirse a los "buenos" traductores ni, mucho menos, a los traductores "buenos" (he traducido algunos libros en mi vida; lo digo por la parte que me toca) sino a los traductores que traducen de forma que lo dicho originalmente por el traducido suscita reacciones adversas a éste y, sin embargo, la traducción no ha sido fiel a lo traducido ni a su autor. Para entendernos: el iraní Ahmadineyad fue acusado de haber dicho, en un discurso, que "Israel tendría que ser borrada del mapa". Se tomó como un ejemplo extremo de su antisemitismo.
Pase que se confunda antisemitismo (prejuicio negativo contra los semitas judíos y no contra otros semitas como los árabes) con ser contrario a la existencia del Estado de Israel. Como repito frecuentemente, hay judíos ultra-ortodoxos que, por motivos religiosos, también son contrarios a dicha existencia ya que consideran una abominación que se intente construir dicho Estado antes de la venida del Mesías. Eso no les convierte en antisemitas. 
Tampoco los que son contrarios a las políticas concretas del gobierno de dicho Estado se convierten por ello en antisemitas: los parlamentarios en el Knesset que están en la oposición tendrían que ser considerados, entonces, como antisemitas. Y no lo son. Unos, por ideología; otros, porque son palestinos. Entre estos últimos los podría haber, pero no por estar en la oposición sino por otros argumentos.
A lo que iba. De ser cierta la frase de Ahmadineyad, sería un ejemplo extremo de contrario a la existencia del Estado de Israel (cercano, por cierto, al de los judíos ultra-ortodoxos a los que me he referido más arriba).
El problema es que Ahmadineyad se expresó en farsi, su lengua, y no hay muchos buenos traductores de dicha lengua a otras como el inglés. Y algunos pudieron hacer una traducción malintencionada (en cualquier caso, equivocada) de dicho discurso porque donde dijo que igual que un hecho forzado como el de la Unión Soviética terminó porque se lo llevó el viento de la Historia, no de otro modo el Estado de Israel sería borrado por dicho viento. Cuestión de tiempo: acabaría colapsándose por su propia naturaleza y dinámica.
La mala traducción había sido denunciada por otros conocedores de la lengua farsi y, aunque se había producido tal denuncia, se seguía usando aquella supuesta frase como argumento adicional para demonizar al tambaleante Ahmadineyad (tambaleante por la política interna, electoral, claro). La mala traducción se aireó hasta la saciedad y la traducción que parece correcta (no soy quien para dictaminarlo) estuvo en blogs y mail, pero no en primeras páginas como la anterior. Lo curioso es que ahora ha sido reconocido por el viceprimer ministro israelí: fue una mala traducción. Una traición al texto. Esas cosas pasan. La narración de los hechos está aquí.

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