lunes, 30 de abril de 2012

El pueblo en armas

Una de las teorías para explicar la aparición de esa curiosa ideología llamada nacionalismo (es decir, la creencia en que existen las naciones, en que éstas deben tener su propio Estado si no lo tienen todavía y en que todos pertenecemos, por nacimiento o elección, a una de ellas) se basa en la necesidad que tuvieron los reyes en recolectar impuestos para pagar sus aventuras militares y, simultáneamente, en la necesidad de tener ejércitos poderosos para enfrentarse a otros reyes. Todo ello en Europa, claro, que es donde se origina dicha ideología. Si pertenecemos a una nación a la que debemos todo (hasta la vida, en una especie de martirio, si hace falta), ya no hace falta un "sheriff de Nottingham" que recoja violentamente los impuestos ni se hace tan costoso mantener el ejército de mercenarios. Los patriotas pagarán sus impuestos voluntariamente ("Hacienda somos todos") y se irá al cuartel cuando llegue la edad de la testosterona para enfrentarse a los enemigos ("qui viennent jusque dans nos bras égorger nos fils et nos compagnes", así que "aux armes, citoyens"). Conviene recordar que tanto Maquiavelo como Clausewitz desconfiaban de los ejércitos mercenarios y preferían los ejércitos conscriptos. "El pueblo en armas" es frase de Clausewitz. Ejército y nación van íntimamente unidos (y cuando, ahora, son mercenarios, se inventan mitologías sobre "our boys" incluso cuando ya se aceptan mujeres, porque "nuestros hombres" ha tenido históricamente una evidente connotación machista). 
Viene a cuento a propósito de las discusiones en el Israel contemporáneo a propósito del servicio militar, su exentos y sus excluidos. Porque los judíos ultra-ortodoxos (los haredim) han estado exentos hasta ahora y se discute si dicha exención ha de ser revisada. El Tribunal Constitucional dice que es inconstitucional la "ley Tal" que los exime, pero los partidos ortodoxos que forman la coalición de gobierno dicen que hay cosas por encima de la Constitución. De mantenerse la norma, significaría que una parte del "pueblo" no se encuentra "en armas", cosa que se añade a las reticencias de los judíos seculares ante este grupo que, a su vez, se ha manifestado por sentirse excluido.
Pero igualmente curioso es que se discuta si los israelíes árabes (es decir, ciudadanos, pero no judíos) deben prestar servicio de armas como todos los demás ciudadanos excepto, hasta ahora, los haredim. Se trata, en efecto, de los palestinos que tienen la “ciudadanía” (ezrahut) israelí, pero no tienen la “nacionalidad” (le’um) que se reserva a los judíos, en esa pretensión de que el Estado de Israel sea un Estado Judío. ¿Solución posible? Prestación social sustitutoria, servicio civil.
Si un haredi, en edad de prestar servicio de armas al Estado Israelí, queda exento precisamente por sus creencias religiosas (judías), quiere decir que no todos los judíos tienen que formar parte del "pueblo en armas". No sería, pues y por defecto, un Estado Judío. Pero peor resulta para tal proyecto el que los no-judíos, pero sí israelíes, formen parte del "pueblo en armas". Estas cosas simbólicas suelen tener difíciles acomodos y resulta enternecedor cómo lo solucionan los estados como el de los Estados Unidos o España que han optado por la otra versión, a saber, la de los ejércitos mercenarios, también llamados profesionales o voluntarios: su composición por "razas", clases sociales y países de origen seguro que hace removerse en su tumba a Maquiavelo y a Clausewitz. Sobre todo a este último.

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