domingo, 29 de abril de 2012

Balance 69

Ni siquiera los cumpleaños son un momento objetivo para hacer balance: Los pro-vida extremos (y muchos japoneses) cuentan la edad desde la concepción y no desde el parto. Pero, de todos modos, tiene más sentido que el hacerlo los 31 de diciembre o 1º de enero de la era actual. Como no me canso de repetir, podrían tomarse otros "años nuevos" (chino, iraní, aymara, judío, musulmán...) con la misma base empírica. El nacimiento, en cambio, hecha la salvedad de la concepción, sí parece algo más apropiado. Vaya pues.
Fortuna y virtù, esa extraña mezcla de suerte y esfuerzo que marcan una vida en proporciones cambiantes de persona a persona y de etapa a etapa. En general, creo que he tenido mucha suerte.
Lo cual no quita haber cometido numerosos errores. Algunos subsanados, otros irremediables. Vaya una lista de asuntos que me han ocupado y cuya evolución ha sido muy dispersa. No me refiero a errores de interpretación, que seguro que son numerosos, discutibles o irrelevantes, sino a errores (y aciertos) de predicción, que sí son constatables.
Un antiguo alumno (que, por cierto, anda ahora saliendo en los periódicos por cuestiones legales) me recordó, cosa de la que no me acordaba, que en clase había hablado de la caducidad de la URSS. Acerté. Y él fue alumno mío en el 75.
Por aquel entonces comenzaba a darme cuenta de que "conocer es comparar" y que no tenía sentido centrarse en un país como si no tuviese nada que ver con otros. De hecho, me estaba equivocando en lo que había publicado sobre el "desencanto", la desilusión que aquejó a muchos en la transición política española a partir de la democracia (desencanto que terminó con el 23-F, el intento de golpe de Estado). Tardé en darme cuenta de que era un fenómeno más general y que, por tanto, no tenía explicaciones únicamente basadas en lo local. Fue el paso de lo comparado a la perspectiva del sistema mundial.
No tengo tan claro haber acertado sobre el papel de América Latina como espacio en el que se iba a producir el siguiente "milagro" económico, fruto de la inversión del capital internacional por definición. No pensé, cuando lo comenté en un Foro del Parlamento Andino en Cuenca, Ecuador, en 1997, que llegase a través de la China. Que ahora el capital chino está entrando a raudales en América Latina (Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador) es evidente, aunque su significado no está del todo claro.
Pero mi mayor error queda para mí mismo: a principios de este siglo me hice para mí la pregunta de si España podría repetir su decadencia. No tanto en el sentido de lo que fue la generación del 98, sino en el de dejar de ser un país central con lo que ello comportaría para el nivel de vida de los españolitos, incluido el mío. A pesar de tener buenos ejemplos de países que habían subido o bajado en el "orden de picoteo" mundial, es decir, en la capacidad de beneficiarse de los males de otros, pensé que España no iba a caer. Me equivoqué. No pensé que entre errores internos, delirios ideológicos e imposiciones externas de élites que querían que su país de residencia siguiese siendo central (alemanas básicamente), España iba a ser un país en vías de subdesarrollo con los efectos consiguientes en pensiones, servicios públicos, seguridad, calidad de vida política y demás. Lo había sospechado en un trabajo sobre el Estado del Bienestar en un libro caótico, pero no saqué las consecuencias del "retorno del Estado" en el cambio de época.
No dejo una obra importante. Con suerte (con suerte, sí), he hecho lo que podía. Yo, de mí, no me fiaría de lo que yo digo.
En un librito de 1996 planteaba la posibilidad de que Cataluña (pero  no el País Vasco) fuese independiente para 2020.
Y ahora pronostico un PP, en España, para rato: se cambiará el funcionamiento del BCE, se "creará" dinero, se taparán los agujeros financieros y el gobierno podrá decir que han sido ellos. Los males vinieron de fuera (el gobierno anterior, pero, sobre todo, los dictados de la Troika), los bienes se presentarán como debidos a los desvelos del PP. Y el electorado se lo creerá como se creyó la campaña de 2011.

1 comentario:

  1. Muchas felicidades, José María, y que cumplas muchos más. Ah, la importancia de las obras no depende de lo que tú creas, sino del que las lee. Si es útil para los lectores, entonces es importante.

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