sábado, 28 de abril de 2012

Austeridad que mata

Se acusa a Goldman Sachs, gobierno en la sombra de Europa, pero ya son muchos los que, desde el otro lado del Atlántico, lo advierten: las políticas de austeridad están matando a Europa (a la Unión Europea, para ser exactos, como ven algunos de sus altos cargos aunque con otros argumentos). Lo ha afirmado Krugman. Y Stiglitz que, además, hace del asunto cuestión de política, no de ortodoxia económica. Cierto que una golondrina no hace verano y que unos economistas están peleados con otros, sin que los profanos tengamos criterios para saber quién tiene razón (por ejemplo, en las discusiones entre los "economistas de agua dulce" y los "economistas de agua salada" en los Estados Unidos, que es donde aprenden los economistas periféricos, no hay consenso que valga, por ejemplo sobre la capacidad de los bancos para "crear" dinero). Pero si estos que cito tienen razón, también la tiene el periodista que cito al principio: Habría que saber por qué siguen con esas políticas, ya que sus efectos son más que visibles. Y, en el caso de España, lo reconocen por lo menos a corto plazo sin indicar qué es lo que, a medio plazo, cambiaría la tendencia hacia el subdesarrollo. ¿Exceso de ideología? ¿Economistas de cabecera equivocados -no sería el primer caso español-? ¿Sometimiento a los intereses de los bancos Alemanes -la exportación alemana al resto de Europa comienza a resentirse-? ¿Goldman Sachs? No sé cómo responder.

1 comentario:

  1. Habría que ser muy engreido para asegurar que tenemos la solución a la cuestión que planteas al final. Pero, como siempre, la orientación correcta aconseja pensar que tiene que haber un poco de todo. El problema es que todos los factores que apuntas desembocan en unas recetas concretas que, como dicen ciertos economistas, no son las adecuadas.

    En mi opinión, la cuestión que nos debe preocupar, más que de recetas o soluciones milagrosas, es de legitimidad en la toma de ciertas decisiones políticas que nos llevan, por ejemplo, a deber a unos bancos en forma de intereses desbocados o a las compañías eléctricas un dineral que cuesta mucho esfuerzo y tiempo producirlo y que se debería utilizar en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Esto no es un problema de corrupción, es un error de concepción de lo que es hacer política, por lo menos esa que sirve para defender el interés general.

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