domingo, 25 de marzo de 2012

Yihadismo internacional poco internacional

Es irritante el intento sistemático de enlazar determinados sucesos con posiciones ideológicas previas. En el caso de Toulouse, además del evidente rédito electoral a favor de Sarkozy, está la tendencia a enlazar el asunto de estas muertes con Al Qaeda y, si ya resulta demasiado artificioso, con el "yihadismo internacional". Acepto que sea real el entrenamiento (inútil, por otro lado, para lo ocurrido) que el supuesto asesino baleado recibió fuera de Francia. Pero eso es poner el problema donde no está y, al hacerlo así, arrimar el ascua a la propia sardina. Propongo una cadena de hechos diferente y que permite plantearse otro tipo de políticas que no sea la de demonizar al Islam en su conjunto o atribuir a Al Qaeda unas características que probablemente no tenga (como la de ser una organización jerárquica cuando, a lo que parece, ya es únicamente un modo de ver las cosas, una ideología si se prefiere). Veamos:
Comencemos por las causas: tenemos una situación en la que determinadas personas nacidas en el lugar (bajo el ius soli, por tanto) se ven sistemáticamente rechazadas por llevar determinados apellidos que retrotraen al ius sanguinis y que convierten a dichas personas en marginales.
Esa situación es muy frustrante con lo que el individuo busca un objeto sobre el que descargar la agresividad producida por esa frustración que la produce el rechazo vivido casi de manera cotidiana. Puede ser mediante la quema de coches (como sucedió con los banlieusards), puede ser mediante el suicidio (el objeto sobre el que se descarga la agresividad es uno mismo y estoy seguro de que en esos contextos, como en muchos otros en el mundo contemporáneo, el suicidio aumente -es la primera causa de muerte no natural-) o puede ser mediante objetos más abstractos que no hace falta que sean analizados por un sistema educativo que hace tiempo que ya no analiza. Me refiero a "occidente", que son los que rechazan y marginan al de "oriente"; o a los cruzados que, siglo tras siglo, se dedican a invadir, ocupar, asesinar, masacrar la tierra de la que vienen los padres y/o los propios abuelos y a mearse en sus símbolos, blasfemar y despreciar todo lo que tiene que ver con esa cultura; o a los judíos que invaden, ocupan, asesinan y masacran a palestinos y vecinos.
En este último caso, el de este conjunto tan heterogéneo de objetos sobre los que descargar la propia agresividad (no tan heterogéneo a decir de determinados líderes euro-estadounidenses que hablan de los "judeocristianos"), el individuo puede quedarse en el mero odio o puede radicalizarse si encuentra quien le ayude a "ver la luz". Conseguir una pistola no debe de ser tan difícil y matar a soldados magrebíes y niños judíos no es sino el efecto de una larga cadena que comienza en la sociedad y no en la religión ni, mucho menos, en fantasmagóricas organizaciones con las que producir miedo conservador. 
Es un proceso parecido al estudiado de manera sistemática en las cárceles británicas.
Y la conclusión podría ser ésta: sin reducir para nada el papel de la policía (necesaria para la protección de la seguridad de los ciudadanos ante locuras como ésta o como la de Breivik en Noruega o como la de California), hay que ir a las causas (marginación, exclusión, discriminación, xenofobia) y no dejarse llevar por diagnósticos sencillitos del tipo "todos los moros son unos asesinos y tenemos derecho a defendernos de su invasión".
(Añadido el 29 de marzo: En esa misma línea aparentemente informada pero simplista está la frase de Reuters refiriéndose a Merah como "al Qaeda-inspired gunman". Lo de la inspiración ya son ganas) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario