sábado, 17 de marzo de 2012

Purismo lingüístico

Gracias a la última novela de Jaume Cabré he recordado aquella distinción de Coseriu entre sistema, norma y habla (y, por asociación, la de Saussure entre "langue" y "parole"). Siempre he preferido las versiones más inductivas a este respecto (como la de i+i+i+...+i=I, es decir, que la lengua es una inducción a partir de las hablas observables) que no las deductivas y, mucho menos, que las autoritarias en las que una determinada institución que coopta a sus miembros decide lo que hay que decir y lo que no. 
No es algo a propósito de una curiosa discusión que ha habido en España sobre el uso de masculinos y femeninos (que fue precedida por un rechazo, por parte de la Academia autoritaria, del sentido de "género" para referirse a la construcción social del sexo). He leído cosas inteligentes y exabruptos. Lo dicho es a propósito de los anglicismos en el habla en general y en los medios en particular. 
Ahí ha habido dos posturas extremas en mi ámbito cercano: la francesa de los tiempos del ministro  Jack Lang y la italiana hasta nuestros días. La defensa político-nacionalista del francés frente a las agresiones del inglés era un "combat scientifique à mener" y se buscaron formas francesas para referirse, por ejemplo, al anglófono mundo de la informática, cosa que no es excepcional. Los italianos han sido siempre mucho más tranquilos en este asunto: han adoptado un montón de palabras inglesas sin preocuparse de exaltaciones combativas y nacionalistas (su política lingüística, desde la Unificación, ha sido mucho más inteligente que la jacobina).
Pero no tiene sentido luchar contra la realidad (dicho sea, de paso, recordando la polémica española entre puristas y feministas -en el primer caso, en masculino, y, en el segundo, en femenino). La Repubblica habla, en su titular, del paso de un carnet del hincha de fútbol ("tessera tifoso", perfecto italiano) a un carnet de fidelización (¡"fidelity card"!, no muy italiano, como puede verse). En otros tiempos habría dicho: eso en Le Monde no pasa. Sin embargo, pasa: lo que ahora conocemos de la pareja Assad y que manifiesta su tren de vida no son sus "couriels" (que es el afrancesamiento propuesto por los lingüistas de cabecera) sino ¡"email"!.
No por poner nuevas normas (incluso en libros de estilo para evitar sesgos sexistas) se consigue cambiar el habla. El habla acaba ganando y el habla es sociedad. No se cambia la sociedad cambiando la norma, pero sí se cambia el habla cambiando la sociedad.
"Hasta que las canta el pueblo,
las coplas coplas no son"

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