miércoles, 7 de marzo de 2012

Florecillas de San Google

San Google existe. Y hay pruebas irrefutables de su existencia. Por ejemplo, hay un programa que permite ver qué consultas se han hecho en el mundo a lo largo del tiempo y, así, por ejemplo, si se busca cuántos y cuándo han buscado con la palabra “Irán”, los resultados son significativos: desde 2004 hay tres picos, a saber, abril de 2006 (cuando se producen choques fronterizos entre Irán e Irak, cuando Irak era “de los nuestros”), junio de 2009 (elecciones presidenciales) y, ahora, desde julio de 2011 con el aumento de tensiones Israel-Estados Unidos-Irán y repetición del “que viene el lobo” que se está viviendo prácticamente desde aquellos enfrentamientos. Hay diferencias, eso sí. La gente consultó de manera más constante cuando se trataba de una guerra que cuando lo que había era un resultado electoral para el que hubo más consultas a San Google pero prácticamente en un solo día.
Lo de San Google lo digo porque puede entenderse como un santo al que se le hacen rogativas o se le pide una gracia y el Santo te la concede generosamente. Claro que hay que hacer la plegaria de manera aceptable por la Santa Madre Internet o, con mucha más razón, por la Conferencia de Iglesias que hablan Español. Me explico.
Que San Google sea un santo muy milagroso, eso no se duda. Lo sabe todo y te lo puede dar todo, desde cómo se deletrea supercalifragilisticoespialidoso (lo acabo de hacer y ahí está el resultado) hasta qué sucedió en Irán en abril de 2006 y junio de 2009 que explique las subidas de consultas (cosa que también he hecho y más arriba están los resultados). Pero que sea un santo tan poderoso no significa que lo pueda todo. En particular, es dudoso que pueda con la sintaxis de algunos de sus devotos. Y voy a poner ejemplos asegurando que no los invento, sino que los he encontrado.
Hay casos que nuestro santo tendrá que repensar un poco la cosa de la ortografía (eso de que los acentos no siempre entren, tiene sus desventajas). Así, por ejemplo, un ciudadano le pidió al santo: “Un mapa en que paises americanos se dan las cuatro estaciones”. Evidente: San Google puede tragarse que “paises” vaya sin acento, pero ese “que” le habrá llamado a engaño y, siempre bondadoso, le habrá concedido un mapa en el que algunos países americanos se den las cuatro estaciones. Qué sea eso de darse las cuatro estaciones nos deja despistados hasta que nosotros (no el santo) nos damos cuenta de que lo que quiere el devoto es un mapa de los países americanos que tienen cuatro estaciones (y no dos -seca y lluvias-, como muchos de ellos).
De todas formas, las oraciones que se han elevado en la Iglesia de Internet ante el altar de San Google pueden ser imposibles y ya no solo por la ortografía o la sintaxis. Ejemplos: “mapa de la tercera oleada de la invasion barbara”, “soltera de nuevo gráfico” (el santo no ha sabido si pide un gráfico de personas que vuelven a ser solteras o quieren una soltera con gráfico nuevo), “cuanto mide un barómetro” (respuesta: depende de lo grande que sea) o “fuerzas politicas y legales de una empresa gloria” (que vaya usted a saber lo que el peticionario pretendía obtener a cambio de su oración fervorosa).
La culpa de los errores en la respuesta, como es de suponer, no recae en el santo, sino en el devoto por no hacer la pregunta de modo comprensible. Pero es que hay casos todavía más curiosos. Me refiero a las plegarias que se han hecho pensando que el santo no es un santo sino que es Dios. Vale que sea omnipresente. Y hasta omnipotente si me apuran. Pero por más que sea omnisciente, no se le pueden preguntar imposibles, como he visto en mis pesquisas (no con Google sino con otro santo de mi devoción -es bueno tener varios santos: evita la sumisión ciega e irracional-). La petición que el creyente le hacía a nuestro santo era: “como se llaman los que mandan en el mundo”.
He dudado. Y he ido, a mi vez, al santo para preguntárselo. No me ha contestado, claro. Porque no creo que el penitente estuviese buscando un nombre como “cosmócrata”. Pedirle al santo que te dé los nombres y apellidos de los que mandan en el mundo es pedirle peras al olmo. Pero ya se sabe que cuando hay fe, la fe mueve montañas. Incluso las de internet.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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