viernes, 23 de marzo de 2012

Esclavitud

Un sugestivo reportaje sobre la esclavitud en la Mauritania contemporánea, con una ley en contra desde 2007, pero que creo entender que todavía existe. Me han interesado dos cosas: el racismo y la autocolonización. Me explico.
El reportaje (no sé si es más un test proyectivo estadounidense que una constatación sobre la Mauritania de hace pocos años) dice que los dueños de esclavos eran (¿son?) de piel más clara que la de sus esclavos, "negros como el carbón". De hecho, el racismo se inventó para legitimar la esclavitud, haciendo que los que tuviesen determinados rasgos externos se convirtiesen por ello en inferiores, casi sub-humanos (como en el caso mauritano) y, por tanto, aptos para ser poseídos por los que tenían otros rasgos externos que les convertían en superiores, con derechos sobre los inferiores. Nada original respecto a lo que se sabe del racismo europeo.
El otro elemento que me ha interesado es no solo la aceptación por parte de los esclavos de su estatus, sino, sobre todo, que lo viesen como parte del "orden natural de las cosas". No ha debido ser general, ya que han seguido existiendo quienes han huido de tal condición (y, de hecho, se habla de una ONG que les protege al tiempo que lucha por extender el abolicionismo). Pero sí muestra un fenómeno bastante extendido que podría llamarse "identificación con el agresor" o también "síndrome de Estocolmo". Una de las más extremas formas de violencia estructural tiene, como uno de sus soportes, la aceptación, por parte de "los de abajo".
No es lo mismo que uno encuentra en las viejas novelas sobre la condición de los indígenas andinos en los años 30 del siglo pasado (Raza de bronce, del boliviano Alcides Arguedas, o Huasipungo, del ecuatoriano Jorge Icaza), pero son evidentes los elementos en común: el uso, no solo de la violencia cultural para legitimar la esclavitud, sino también de la amenaza de violencia directa (o su aplicación) para disuadir de buscar la libertad; la inferiorización sistemática de los esclavos a los que se considera menos que humanos (los conquistadores discutieron si los indígenas tenían alma o no, y lo de "indios de mierda" lo he escuchado yo, en mi corta vida, en bocas criollas o blancas); el papel de algunos poseedores de esclavos precisamente en su liberación, como sucede con el personaje central del reportaje que he citado.
No sabemos cuántos esclavos hay en el mundo de hoy (los indígenas bolivianos y ecuatorianos, a pesar de las dificultades en su camino, están en marcha hacia la total superación de aquellos polvos y de estos lodos). Las estimaciones para el mundo oscilan entre 4 y 27 millones de personas. Pero más de un millón en todo caso, que es la estimación más baja: la de la OIT.

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