martes, 27 de marzo de 2012

Es nuestro hdp. Y caníbal

Es conocida la frase de un presidente de los Estados Unidos refiriéndose a un dictador centroamericano: "Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Eran los tiempos de la Guerra Fría. Mucho antes, un autor anglosajón (tal vez sir Bernard Shaw, si no recuerdo mal) dijo que estaba muy mal que los caníbales se comiesen a los misioneros, pero que era mucho peor que los misioneros se comiesen a los caníbales.
Vienen a cuento a propósito del trato que los medios han dado al asesino francés de siete personas (caribeños, magrebíes y judíos) en Toulouse y al asesino estadounidense de 17 personas (ocho niños, con quema de cadáveres y con probable violación previa) en Afganistán. No me refiero a las respectivas reacciones locales, que son más obvias y que llegan, en el segundo caso, hasta Karzai mismo. Me refiero a que, en casa, se ha intentado invisibilizar al asesino estadounidense mientras que ya se sabe casi todo sobre el francés, incluso que hubiese pasado en 2010 por Israel-Palestina en su camino hacia Pakistán-Afganistán (palabra, esta última, que une los dos casos, pero solo en eso).
Parece que hay clases hasta en los muertos. Los afganos y afganas son de clase baja. Los judíos de Toulouse, son de clase alta que, además, permiten mantener el victimismo israelí. En Afganistán no hay víctimas sino "daños colaterales" del síndrome post-traumático. Del asesino de Toulouse y Montauban tenemos hasta video, enviado a Alyazira por quien corresponda.
(Añadido eel 29: el soldado detenido por el asesinato de los 17 no ha confesado y, de haber sido él, pudo entrar y salir de su base como para cometer los asesinatos al norte y al sur de la base. Eso dicen las autoridades competentes)

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