viernes, 2 de marzo de 2012

Desórdenes estudiantiles

La noticia, en las Españas, viene siendo la que tiene que ver con las manifestaciones de estudiantes un poco por todas partes aunque centrado en determinados territorios.
Como me han clasificado en "relaciones internacionales" y en "economía crítica" (hasta hace poco, aquí), aunque yo creo que lo que hago es "periodismo de segundo grado" vistas mis fuentes y mis propósitos, mi planteamiento no va a ser el de la periodista de Intereconomía que pregunta al manifestante que considera oportuno "cuáles son los recortes por los que protesta" cosa que el chaval, como era de suponer, desconoce. Quiero decir que no me preocupan los detalles ni el uso político que se pueda hacer de mi periodismo basado en periodistas aunque yo no lo sea.
1. Comencemos por una obviedad y, por tanto, olvidada: la explosión de la educación en general y del número de universidades en particular es relativamente reciente (algo más de 50 años) y es un fenómeno generalizado que no se circunscribe al pueblo en el que vivo.  Me interesa, pues, lo que hay de común en casos como los españoles, los otros europeos, parte de las "primaveras árabes" o los latinoamericanos (en este último caso, me refiero a las manifestaciones habidas el 24 de noviembre de 2011, en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela). Claro que cada caso es un mundo, pero todos están en el mismo mundo, cosa que legitima preguntarse qué pasa en común.
2. Wallerstein dedica su Comentario de ayer  (el 324) al asunto y muestra que la proliferación de universidades vino motivada desde arriba (los gobiernos querían cuadros formados) y desde abajo (las nuevas clases medias querían ese instrumento de movilidad ascendente -las universidades habían sido particularmente elitistas-). Y ambos factores se han venido abajo.
3. Pero, antes, recordar que el sistema en el que vivimos estos últimos siglos se ha caracterizado por la colonización de territorios para obtener el beneficio en una lógica centro-periferia. Cuando los territorios dejaron de ser viables como objeto de expolio, se buscó el ciberespacio aunque con escaso éxito. El último espacio que se ha colonizado es el futuro, es decir, se ha usado a la generación futura para que sea la que pague los fastos del presente. Si la deuda total mundial es tres veces el PIB mundial, "houston, tenemos un problema". Quiero decir que lo tendrán los ahora jóvenes.
4. Como otras crisis de la deuda (y esta parece mundial), genera ganadores (los que especulan con esos dineros) y perdedores (los que tienen que apretarse el cinturón para que los otros puedan ganar). Además, como toda crisis, genera incertidumbres sobre el futuro (eso es, al fin y al cabo, lo que significa crisis: situación en la que "ya no" pero en la que "todavía no"). Y la incertidumbre es mala consejera en particular para jóvenes que no acaban de tener su futuro claro "con la que está cayendo".
5. La inseguridad y la indignación genera reacciones muy dispersas: desde los "antisistema" a los "violentos" pasando por los simplemente "indignados" que se echan a la calle a manifestar su descontento, algunos de los cuales trasforman sus frustraciones en agresividad y la agresividad en romper farolas.
6. Los poderes públicos saben que están perdiendo legitimidad y tienen la tentación de recurrir a la represión, al espionaje, a la infiltración y, en el peor de los casos, a la violencia que generará más violencia.
7. Mientras, las universidades sufren la presión hacia la privatización, la gestión para obtener fondos ya que sus fondos (públicos o privados) se ven recortados con lo que dejan de ofrecer lo que ofrecían cuando los gobiernos eran manirrotos y los patrocinios funcionaban a todo tren. Pero pasar de lo menos a lo más es fácil, muy fácil de digerir. Pasar de lo más a lo menos es un elemento frustrante adicional a la inquietud sobre el futuro colectivo ya visto y la inquietud de las "clases medias menguantes" que no saben si sumarse al carro de la protesta ante el temor de caer en la pobreza o retraerse temerosas al principio de "ley y orden" que les da una  seguridad. Falsa, pero seguridad.
Nota innecesaria: intentar entender un fenómeno no significa estar de acuerdo con todos sus elementos ni legitimar a todos sus actores, sean policías, incontrolados, jóvenes de buena voluntad, profesoras que toman la calle, bancarios, sindicalistas de diversos pelaje (más o menos oportunistas) y así sucesivamente. Entender no es justificar. Mucho menos aceptar como "natural" la lógica de un sistema producido por los humanos, luego artificial.

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