miércoles, 21 de marzo de 2012

Crisis de la universidad

No es cosa local. Es que el mundo ha cambiado. Ya Ortega y Gasset se había sonreído a propósito de “La universidad de Murcia” ironizando sobre los criterios que podían haber llevado a su creación. Poco podía imaginar el filósofo (“hay gente pa’ to’”) lo que se produciría pocos lustros más tarde a escala planetaria y coincidiendo con una etapa de expansión de la economía mundial: que las universidades se multiplicaron por todas partes y se masificaron.
Obvio que en cada lugar el proceso tuvo sus propias características reflejando las peculiaridades de cada territorio. Y es obvio también que el proceso fue más o menos largo a tenor de lo que sucedía en cada caso. En Alicante casi se podría decir que terminó hace muy poco.
En Inglaterra el proceso adoptó una forma más clasista: universidades piedra negra, de ladrillo rojo, politécnicas. En Francia, jacobina: I, II, III, IV, V etc. En los Estados Unidos, empresarial. O en el Ecuador, descontrolada (por ejemplo, cinco universidades en Cuenca, de poco más de medio millón de habitantes en el cantón y de algo más de setecientos mil en la provincia). Pero lo común fue la proliferación de universidades y su progresiva masificación.
Aquella etapa de expansión económica desde los años 50 hasta principios de los 70 produjo un doble impulso. Desde arriba, los estados invirtieron en las universidades como medio de conseguir cuadros para gestionar el crecimiento económico general. También las empresas, allí donde el modelo era más empresarial, hicieron lo propio, pero dejando margen para las humanidades. Desde abajo, las (nuevas) clases medias encontraron en las universidades un medio de ascenso: habían sido instituciones elitistas que garantizaban el empleo posterior más por el elitismo de partida que por su contenido, pero las clases medias pensaron que ahí había una vía para la movilidad social ascendente.
Pero aquella etapa terminó. Si se quiere, con mayo del 68, aunque la inercia de crear universidades llega hasta casi hace pocos años, digamos que hasta finales de los 90. Pero el golpe definitivo al proceso expansivo vino con la situación actual en los países centrales y su eco en los demás países. Los estados ya no tienen el ímpetu creador de aquel entonces, sus problemas financieros son públicos y notorios y la masificación ha tenido efectos perversos en la formación de los cuadros que se proponía inicialmente. Por su parte, las clases medias atraviesan una seria crisis una vez se constata la dificultad de la movilidad social ascendente y se comienza a temer una caída en la posición en la sociedad, caída que no excluye el llegar a la pobreza o a sus márgenes por cuestiones relacionadas con el empleo y los servicios públicos que dejan de ser un instrumento de igualdad.
Los efectos perversos son fáciles de entender con esta comparación: en situación de tráfico rodado dificultoso, los “listillos” que se saltan las normas tienen a su favor el que consiguen sus objetivos con más facilidad que los que las cumplen. Traduciendo: cuando a la universidad llegan relativamente pocos, esos tienen muchos puntos a su favor. Pero, volviendo al tráfico: ¿qué sucedería si todo el mundo se saltara sistemáticamente todas las normas de tráfico? Muy previsible: caos total, embotellamientos constantes y poca gente consiguiendo sus objetivos de llegar a destino en un tiempo razonable. Traduciendo: si todo el mundo llega a la universidad, ésta deja de ser un criterio para ascender en la sociedad y de diplomatura se pasa a licenciatura y de licenciatura a máster y de máster a doctorado y de doctorado a otro máster y así sucesivamente.
La reacción ante la nueva época es también diversa a tenor de las circunstancias locales. En el Ecuador, por ejemplo, introduciendo orden y evaluación, descartando las “universidades” que solo son kioscos de venta de títulos y haciendo pública la lista de auténticas universidades, serias, investigadoras e internacionalizadas. Se trata de un país en ascenso.
El problema mayor lo tienen los países en descenso. Si se quiere, países en vías de subdesarrollo. Lo que ahí se observa es una cierta inercia intelectual en centros que se supone que son un compendio de inteligencia, pero en los que el modo de producción de su conocimiento, pre-feudal en algunos casos, les impide plantearse los problemas que van más allá de la ocupación y, en su caso, del mantenimiento de las parcelas de poder local y localista cuando el problema no es local ni, por tanto, aconsejaría sufrir planteamientos localistas. Ni es cuestión de poder. Así les va.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-, con un antecedente y fuentes aquí)
(Añadido el 5 de abril: Chomsky insiste en el asalto contra la educación universitaria pública perceptible en su país y en muchos otros. Y añado que en la provincia en la que vivo, las dos universidades públicas -sería suficiente con una- están con problemas, pero se va a crear una nueva universidad católica que incluye la donación del terreno por parte del ayuntamiento del pueblo en el que vivo)

1 comentario:

  1. Consecuencias como la sobrecualificación en el mercado laboral, en España la tasa más alta de toda la UE (27):
    http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=STAT/11/180&type=HTML
    Saludos

    ResponderEliminar