sábado, 4 de febrero de 2012

Suicidios árabes

Le Monde recoge el reportaje del periódico argelino Al Watan sobre el aumento de suicidios de jóvenes en el mundo árabe. Recuerda que "todo" empezó con el suicidio de un joven tunecino, asunto que desataría la ola de revueltas de la llamada "primavera árabe", hoy ya "invierno". Pero, sobre todo, subraya el elemento de desesperación que subyace a esa serie de suicidios que no acaban de encajar en la tipología de Durkheim. Hay desesperación, sí, pero manifiestan una doble ruptura en esas sociedades: por un lado, la que se produce entre "los de arriba", bien situados y defensores del status quo (por cierto, nunca entenderé por qué, en castellano, lo correcto es poner statu, cuando se trata de un latinajo) y "los de abajo", damnés de la Terre, perdedores en la partija social. Y, por otro, entre los jóvenes y los maduros (los viejos no cuentan: no es país para viejos).
Si se reduce la tensión entre ambos extremos, tendríamos "indignados". Pero cuando los extremos del resorte se separan excesivamente, el resorte se rompe por la parte más débil. Por el eslabón más débil, que decía el otro (Lenin, marxista) para explicar por qué el marxismo no se aplicaba a su país y la revolución no se había producido en países fuertemente industrializados, como pronosticaba la teoría, sino en un país atrasado como Rusia. Pudo ser. Ahora, el suicidio se produce donde hay un modelo previo (hay imitación hasta en eso) y donde las circunstancias son extremas.
Lo que habría que preguntarse es si este suicidio de la desesperación tiene alguna relación con los ataques suicidas que ya fueron importantes en el proceso de independencia argelino y se han producido después, incluso desde supuestos "religiosos" no musulmanes.

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