domingo, 12 de febrero de 2012

Merchandising de políticos

Hace unos años Howard Zinn explicaba que los estadounidenses (y, añado por extensión, los ciudadanos a estas alturas de la historia) son fácilmente objeto de engaño en la medida en que carecen de memoria. Aprendiendo a vivir al día, lo pasado, pasado está. Los políticos lo saben bien y pueden decir hoy exactamente lo contrario de lo que decían ayer y quedarse tan tranquilos. 
Dicen que en los Estados Unidos las mentiras de los políticos el elector las castiga. Tal vez fue el caso de Watergate y, dicen, que lo que molestó a los estadounidenses en Bill Clinton no fueron sus pecadillos (aunque según la religión de éste el sexo oral no lo sea) con Monica Lewinsky sino que mintiese al respecto. En otros sitios hemos oído un "no le conozco" referido a la misma persona a la que después hemos oído llamar "amiguito del alma". Y no ha pasado nada. Probablemente porque en este último caso no hubo el mismo chuntachunta mediático que hubo con la becaria.
El primer párrafo se refiere a los cambios en los discursos políticos a tenor de los tiempos que trascurren y las necesidades políticas del momento. El segundo caso, a la simple mentira. Pero ambos forman parte de esa forma de envolver un producto (el candidato) de forma que sea apetecible para el consumidor (el elector). Hoy puede decir "con el cambio de gobierno se generará confianza y se solucionarán los problemas" y mañana puede decir "va a haber problemas por lo menos para un año más, y de la confianza mejor no hablemos".
Caso extremo: Mitt Romney, periclitante pre-candidato a la presidencia de los Estados Unidos. El Washington Post (que no parece querer que Romney salga elegido) ha hecho un recorrido por sus sucesivos discursos ante la Conservative Political Action Conference. El resultado es espectacular: como en cada caso se trataba de vender una moto diferente, el discurso ha podido ser hasta radicalmente diferente de un año a otro.
Pero, la verdad ¿esos discursos tienen algún efecto en los hábitos de compra electoral de los consumidores-electores en el mercado político-electoral? La verdad es que no lo sé. Sí sé que los políticos lo creen: si no, no cometerían tamañas incoherencias. Porque no son incoherencias consigo mismos sino con el producto que en cada caso están vendiendo o, como en el caso del "amiguito del alma", entre el producto y la realidad. Pero ¿a quién le importa la realidad?

No hay comentarios:

Publicar un comentario