martes, 28 de febrero de 2012

Marruecos, UE y España

Me preguntó un empresario, antiguo alumno y, a pesar de ello, amigo, cómo era posible que la Unión Europea tomase unas decisiones respecto a la entrada de productos hortofrutícolas en la Unión que evidentemente lesionaban los intereses de los agricultores españoles.
No le conté lo que me contestó un destacado líder de un partido de una izquierda no necesariamente muy unida cuando planteé el dilema de a quién apoyar: si al pequeño productor marroquí (competitivo) o al empresario valenciano (subvencionado). Me contestó: "a mí me votan aquí". Que "los proletarios no tengan patria" no venía a cuento.
Podría haber sido una respuesta: a los de Bruselas no se les vota en ningún lado, así que pueden hacer lo que les dé la gana. Pero no parece que sea una buena respuesta.
La que se me ocurrió a botepronto fue que la Unión no existe como tal. Que lo que hay es una jerarquía de países con unos que mandan (Merkozy) y otros que obedecen. O, para ser exactos, líderes de esos países jerarquizados que defienden los intereses de sus respectivos votantes. "Los de abajo" (políticos y ciudadanos) tienen que ser realistas y adaptarse a tales circunstancias objetivas. En ese contexto, "los de arriba" europeos podrían haber entrado en una relación de "do ut des" con las élites marroquíes para intentar llegar a acuerdos de ese tipo: pueden meter sus productos competitivos en la Unión a cambio de algo, que se me escapa (¿pesca? ¿política magrebí?).
Después se me ha ocurrido una respuesta mucho más retorcida (el retorcimiento de una respuesta no es garantía de que la correcta -esta gente es muy retorcida- ni de que sea incorrecta -hay que optar por las explicaciones sencillas antes que por las conspiranoides-) y es que la concesión al gobierno marroquí para que se marque el tanto de que sus productos competitivos podrán entrar en el mercado en el que más demanda puede haber tenga como motivo directo o indirecto acabar con los subsidios de la Política Agraria Común (ya de por sí decrecientes). Al fin y al cabo, el Banco Mundial los ha estado considerando excesivos.
Lo que había antes era una retórica pro-mercado y una práctica proteccionista. Lo que habría ahora con este levantamiento del cuotas y aranceles es un internacionalismo inesperado y un ataque a los intereses de algunos agricultores europeos en general y, sobre todo, españoles. No se trata de pequeños agricultores. Realmente, no se trata de "los de abajo" de aquí.
Así que mejor habría hecho no contestando a mi amigo, visto lo confuso del asunto que no permite respuestas simplistas y menos en contextos tan poco transparentes y democráticos como los de la Unión Europea bruseliana.

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