lunes, 27 de febrero de 2012

La humillación de Grecia

Para ser exactos, la humillación de los griegos. Leo y releo y me suena a lo que contaba en clase, hace años, sobre la crisis de la deuda latinoamericana. Ahora toca Grecia.
Primer punto: en una situación de deuda, no es del todo serio mirar únicamente al deudor. Hay que mirar también al acreedor que no calculó el riesgo moral de su préstamo. Por ejemplo, bancos alemanes. Si prestas mal y no te pagan, una parte de la responsabilidad está en el prestamista irresponsable. Entonces fue parecido: los petrodólares inyectaron liquidez en el sistema bancario (ahora tal vez haya sido la burbuja inmobiliaria estadounidense, española y alguna más) que se abalanzó a prestar sin calcular demasiado las probabilidades de que el préstamo se convirtiese en fallido.
Segundo punto: mirando al deudor, se puede ver los gastos absurdos que se hicieron aprovechando la euforia de los préstamos irresponsables. Y quién los hizo. Por supuesto, determinados gobernantes (en el caso latinoamericano, básicamente dictaduras militares). Pero lo que hay que preguntarse también es quién fue el vendedor en tales transacciones absurdas. En el caso griego, compra codiciosa de armamento por aquello de que tienen un conflicto con Turquía aunque ambos estén en la OTAN. ¿Los vendedores? Pues los que ahora aprietan las clavijas empezando por Alemania.
Tercer punto: sí, un sistema, el griego, muy habituado a los trucos contables, al fraude fiscal, a las nóminas hinchadas, a la economía sumergida... y a la fuga de capitales a la primera de cambio. Por un lado "los de abajo" intentando sobrevivir en un ambiente hostil y, por otro, "los de arriba" echando por la vía de en medio sin mirar a quién pisan.
Los efectos son los mismos que entonces: pobres más pobres (que son los que tienen que pagar las deudas contraídas por bancos y gobernantes irresponsables) y ricos más ricos (que ya han puesto a buen recaudo sus fortunas y pueden ahora comprar más cosas a precios mejores). Es decir, aumento de la desigualdad (que ya estaba aumentando) y aumento de la pobreza (gracias a estas "terapias de ajuste" impuestas por una nueva entidad, la troika BCE, Comisión de la UE y FMI,  que sabe bastante este último de cómo se hacen estas cosas). Los inocentes, castigados; los irresponsables, de rositas. Y en Alemania crecen los sentimientos anti-griegos.
Una pequeña diferencia: como la UE está compuesta por países centrales (y algunos en vías de subdesarrollo, pero eso no se reconoce), no acaba de vérsele sentido a que se organicen las ONG que se organizaron por ejemplo en Bolivia para aliviar los efectos del "choque" de cuando Jeffrey Sachs estaba de aquel lado ("El señor don Juan de Robles / de caridad sin igual / hizo este santo hospital / pero antes hizo a los pobres": el hospital se llama Objetivos de Desarrollo del Milenio y Lucha contra la Pobreza).
Y un escolio: no es buena cosa la inercia intelectual para intentar entender qué está sucediendo en un contexto tan cambiante como el presente. Así, por ejemplo, la India, que ha sido durante muchos años el primer receptor de ayuda, está organizando su propio sistema de "cooperación" con el mismo objetivo que sus colegas emergentes (y su competencia de los centrales): ganar clientes. ¿Tiene sentido enviar ayuda (supongamos que solidaria) a un país que está dedicando fondos a la ayuda (más bien interesada)? Lo cuenta The Economist.

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