viernes, 3 de febrero de 2012

Israelíes en Ramallah

"Altura de Dios" sería la traducción del nombre del lugar, por eso prefiero esa terminación a la más castellana de Ramala. La historia es la de una incursión "rutinaria" del ejército israelí en Budrus, un pueblo al norte de dicha ciudad en Cisjordania que se supone NO pertenece (¿todavía?) al Estado de Israel. La rutina implica cacheos y registros y forma parte de la humillación que sufren los palestinos en su tierra (¿provisional?). En esta ocasión la patrulla se retira sin darse cuenta de que deja detrás a uno de sus miembros que, asustado supongo, se dirige a dos aldeanos. En otras ocasiones, un suceso así ha llevado al linchamento del "olvidado" a manos de los indignados invadidos. En este caso, los aldeanos llevan al soldado perdido hasta la (¿actual?) frontera y lo dejan sano y salvo con sus compañeros. Por supuesto que el ejército israelí ha abierto una investigación sobre el asunto y ha suspendido al teniente coronel que iba al mando del batallón (¿cuántos soldados componen un batallón?), pero no es cuestión de dejarse atrapar por la anécdota, por curiosa que sea.
La anécdota es símbolo de una situación: los asentamientos crecen y las incursiones también. La justificación de los primeros es que "toda esa tierra fue dada por dios a los judíos" (ay, "altura de dios" se refiere a otro dios que sabe que "dios protege a los malos cuando son más que los buenos" en lo local y tienen más armas). La justificación de las segundas es "ataque preventivo": prevenir ataques palestinos al territorio israelí (dado por dios etc., pero de historia reciente). Los dos aldeanos simbolizan a los que rechazan la violencia como modo de resolver las disputas. Paradójicamente, algunos soldados israelíes piensan lo mismo. Pero el que manda, manda, y el proceso de paz sigue estancado.

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