miércoles, 15 de febrero de 2012

Errores y mentiras

La Historia reciente de la Humanidad es la historia de los errores cometidos por sus dirigentes y de las mentiras que, dependiente o independientemente, los han acompañado. Esta es mi conclusión, personal y, como se ve, transferible, de la lectura del último libro de Josep Fontana, “Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945” que me aconsejó un colega de Elche y al que, por suerte, hice caso. Por lo visto no soy el único que llega a tal conclusión: un amigo que también lo ha leído la comparte. Nos han engañado mucho y habría que ver cómo conseguir la vacuna para no volver a ser engañado.
Además del doble argumento de autoridad, la del autor y la del que me lo aconsejaba, me atraía leer un libro que, año más año menos, cubría los años de mi vida y me hacía ver mis lagunas, mis recuerdos vagos y mis memorias más vívidas. Como el libro hace abundantes referencias a los personajes históricos, me ha ayudado a recordar los que me citaba mi padre, los que olvidé en mis etapas de preocupación por la “cuestión obrera” o los que desatendí en las de profunda introspección o las de inmersión en una sociología a-histórica.
Debo añadir que hace unos días hubo un cierto revuelo en clase cuando lo cité. La razón era que uno de los estudiantes había comentado antes con sus compañeros que lo estaba leyendo también y algunos de ellos se habían asombrado, no sin ironía, por el “valor” del susodicho al enfrentarse a un “ladrillo” de más de mil páginas. Pero es que “hay gente pa’ to’”, pero esa es otra historia: la del paso del libro al sms o, a lo más, al twitter.
El caso es que los políticos que en el mundo han sido se han encontrado muchas veces en momentos en los que había diversas opciones dentro del propio gobierno sobre el qué hacer: unos a favor y otros en contra y nadie con la verdad absoluta. Tal vez algunos tuviesen la certeza de estar en lo correcto, apropiado, aconsejable, eficaz, eficiente. A eso se añadía la existencia, en el mejor de los casos, de una oposición que no solo decía que lo que prefería el gobierno era equivocado (eso es gratis) sino que era capaz de proponer alternativas que, también por definición, nadie podía decir que estuviesen necesariamente en lo cierto y en lo más apropiado para resolver el problema. ¿Hay que atacar a Irán o hay que someterla a presiones diplomáticas o económicas? Aunque “los míos” tengan respuestas clarísimas, me perdonarán si sopeso lo que dicen los que afirman lo contrario y más si los veo “desde” Israel o los veo “desde” los Estados Unidos o los veo “desde” Rusia o la China. Ponerme a verlo “desde” España son ganas de perder el tiempo ya que no sé de parte de quién está “el país”: si de sus señoritos de siempre, de sus señoritos enmascarados (interesantes las posiciones de FAES sobre Israel a la que proponen como miembro de la OTAN -y tiempo al tiempo-) o de los señoritos que vienen (ahora resulta que la China podría “resolver” -es un decir- la crisis de la deuda europea).
El libro que comento presenta multitud de situaciones en las que los gobiernos no han sabido literalmente qué hacer y han tirado por la vía de en medio sin saber si esa era la opción que mejor encajaba con sus intereses electorales o “nacionales”. Eso sí, en general han tendido a maquillar los resultados ya que, quien controla el pasado, controla el presente. Pero lo más fascinante es la retahíla de casos en los que los gobiernos han mentido no solo mediante la generación fraudulenta de entusiasmos sin base real. Casos de engaños conscientes, voluntarios, sistemáticos, con falsas pruebas, con un engañoso “créanme” como el de Aznar en la televisión a propósito de Irán o con maniobras distractoras.
En los que hemos sido engañados tantas veces y suponemos que seguiremos siendo engañados (los únicos que no son engañados nunca son los que tienen una fe ciega, no por ser fe, sino por ser ciega, es decir, que no se enteran de haber sido engañados), siempre aparece la pregunta sobre qué hacer para no reincidir. No tengo buenas respuestas ni para mí. Pero sí sé que el entusiasmo es mal consejero, que el tener una única fuente de información es peligroso, que encerrarse en la propia localidad lleva a errores y cosas semejantes.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

1 comentario:

  1. Hay gente pa’ to, dijo el torero al filósofo. Supongo que ya te ha llegado la transcripción de la conferencia de Josep Fontana en León. Ya que no es excesivamente larga, tal vez pudieses recomendarla a los alumnos. http://lopezbulla.blogspot.com/2012/02/mas-alla-de-la-crisis-habla-josep.html

    He leído un artículo sobre una tesis que ha dirigido Fontana recientemente sobre la continuidad de las familias de “los de arriba” en la Comunidad Valenciana a lo largo de varios periodos históricos. Más localista, pero interesante. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144439

    Por otro lado, creo que no sueles escribir mucho sobre las redes sociales y otros fenómenos de Internet (aunque recuerdo que escribiste un post sobre Twitter aceptando censurar contenidos cuando los que mandan se lo solicitasen). Sería interesante conocer tus reflexiones, sobre todo en un momento en el que muchas clases y grupos sociales (incluidos muchos activistas) tienen una posición un tanto mitificadora. Son comunes las visiones de que Internet y otras TIC ayudarán enormemente a la economía (dicen, que de la información y del conocimiento), al sistema educativo y sanitario (donde, por cierto, la penetración de las TIC proporciona buenos beneficios a las grandes empresas que las producen y que controlan las licencias), a la democracia, a la resistencia civil o incluso a la revolución. Simplificando, están los que creen que en el sector de las TIC proporcionará el nuevo nicho que permitirá solucionar la crisis y aumentar la tasa de ganancia capitalista, los que las ven como una herramienta para la transformación social democrática y los que la ven como una herramienta de control social. Obviamente, hay visiones más matizadas que intentan tomar en consideración distintos aspectos. En cualquier caso, muchos de los debates actuales ya se dieron en torno a otras tecnologías de la comunicación cuando aparecieron en el pasado. No seré yo quien niegue la utilidad de Internet, pero creo que hay hacer análisis concretos teniendo en cuenta el control, los usos, los objetivos, a cuánta y a qué gente llega, etc. También la televisión ofrece muchísimas posibilidades, pero si te pones a verla es más fácil que te entre un infarto que otra cosa.

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