lunes, 6 de febrero de 2012

Encantados de conocerse

En mi vida he encontrado más de una persona así: con un evidente "sesgo de autopercepción" a su favor, es decir, que se creía por encima de lo que los demás podíamos verle. No se me ocurrió que eso pudiese ser objeto de estudio comparativo, pero no comparando a estas personas con sus circundantes sino comparando entre países la abundancia o escasez de dichas personas. Un curioso estudio (me resulta ridículo que firmen 19 autores) que, como es de pago, se puede ver, además del resumen que acabo de citar, en esta recensión. A lo que parece, los estudiantes (porque el material se obtiene de entrevistar a estudiantes) de los 15 países estudiados muestran mayor cantidad de personas encantadas de conocerse (que se evalúan -erróneamente- por encima de la media) en países con más desigualdad económica mientras que los más igualitarios proporcionan menor porcentaje de ellos y más de gente que sabe cómo es y no se hace ilusiones (ilusión significa deseo de alcanzar algo, pero también engaño, falsa percepción). Japón, Alemania y Corea estarían entre estos últimos y el Perú y Sudáfrica entre los más "sobradores". Los Estados Unidos, para mi sorpresa, en medio. No he podido ver la lista de todos los países, pero las explicaciones (incluso teniendo en cuenta que estamos tratando de estudiantes) me parecen verosímiles: en contexto de desigualdad, hay que estar continuamente abriéndose camino y levantándose sobre las cabezas de los demás para ser vistos y cuanta más autoestima, mejor; mientras que en contextos de igualdad (tal vez menos competitiva), los "encantados de haberse conocido" encuentran su comportamiento menos funcional, lo cual no quiere decir que no lo sea en casos personales bien concretos.Sucede en instituciones altamente desiguales como son las universidades, para muchos con un modo de producción semi-feudal. En ellas se da un porcentaje muy superior a la media local de personajes imbuidos de su excelencia, carisma y capacidades. Narcisistas, vamos, que ésa es la enfermedad profesional de los académicos.
Lo que el estudio referido sí pone en cuestión es el papel que se ha atribuido (por lo menos desde el Homo oequalis de Dumont) a las culturas más individualistas y a las más colectivistas. Aunque no me parece que destruya el hecho que las sociedades individualistas tendrían que tender a ser más desiguales mientras que las otras, no. Contraejemplo: las diferencias en coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de renta, entre los países entonces comunistas antes de la caída del Muro. Y como el que tuvo, retuvo, siguen observándose en esos mismos países ahora que disfrutan del capitalismo (algunos de sus ciudadanos tienen otra opinión, pero ésa es otra historia). Basta de divagar.

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