martes, 7 de febrero de 2012

Egoísmo ilustrado

Son relativamente frecuentes las andanadas sobre las ayudas que los "ricos" dan a los "pobres", sea cuestión de personas, comunidades autónomas en el reino de España o países en el mundo mundial. 
En el primer caso, se dice que esa ayuda "cronifica" la pobreza ya que reduce los incentivos para movilizarse y salir de la misma. 
En el segundo caso, que cito, se trata de las Comunidades que ven que no todo lo que producen se queda en su territorio sino que es un dinero, vía impuestos, que va a manos de dirigentes de otras Comunidades (pobres) que, seguro, no sabrán usarlo como los ricos han sabido hacerlo hasta el punto de haberlo producido. 
En el tercer caso, se exige que en vez de ayudar a los países "subdesarrollados" (que, ya se sabe, son corruptos y manirrotos -algo así como los que no quieren dar limosna porque los pobres se lo gastan en vino-) lo que hay que hacer es dedicar esas ayudas a los necesitados propios, a los propios pobres o desempleados o dependientes.
Hay argumentos en la dirección contraria: la caridad, la solidaridad interterritorial e internacional. Cuestiones morales o ideológicas.
Hay uno que me resulta simpático y con él he dado título a este post: la ayuda de los ricos a los pobres (en cualquiera de sus niveles) es una forma inteligente de que los ricos sigan siendo ricos y vivan tranquilos sin necesidad de echar mano de la policía pública o privada.

"Ognuno sta solo sul cuor della terra / trafitto da un raggio di sole: / ed è subito sera"

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