martes, 17 de enero de 2012

Reforma laboral

En el contexto de la pre-campaña presidencial en los Estados Unidos y de las declaraciones de Mitt Romney sobre su pasado empresarial, un interesante artículo que llega desde un bufete en Washington. El argumento es sencillo: 
1. el objetivo del empresario no es crear empleo, sino conseguir el beneficio propio y el mantenimiento de su empresa para lo cual, muchas veces, lo que prefiere es reducir el empleo, no aumentarlo y
2. el papel del gobierno es crear las condiciones para que aumente la demanda, que es por donde puede aumentar el empleo.
Las consecuencias son claras:
1. si no se puede reducir el empleo, por lo menos que sea más barato, de forma que, en el caso de que haya un salario mínimo, éste se reduzca y, en general, se reduzcan los salarios (se puede usar el argumento de que reduciendo los salarios, aumenta la competitividad... en precios, no en calidad)
2. pero reducir los salarios supone reducir la capacidad general de compra, es decir, reducir la demanda, con lo que las empresas necesitarán menos trabajadores y si, encima, los gobiernos ponen en práctica políticas para reducir la demanda (por ejemplo, aumento de impuestos a los consumidores -no a las grandes fortunas cuyo consumo, además, no es tan importante-), el resultado será reducir el empleo aunque haya sido abaratado y se facilite el despido todavía más, que es algo que sirve para 1, pero no para 2.
En esas están en los Estados Unidos y en muchos otros países, sobre todo los que están en vías de subdesarrollo.

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