viernes, 27 de enero de 2012

Pero lo local cuenta mucho

Hay un par de historias que sirven de metáfora para lo que quiero decir. La primera la he visto atribuida a Mao y dice que la diferencia entre un huevo y una piedra es evidente: solo el huevo podrá ser empollado. Pero que se necesitará un elemento común (el calor del sol) para que en un caso se produzca el pollito y en el otro no.
La otra es evangélica: es el sembrador que echa la semilla y una cae en buena tierra y fructifica, otra cae en tierra de menor calidad y a duras penas germina y otra cae entre espinos y piedras y jamás fructificará. Cierto, entonces, que hay que ver qué semilla se echa (si se echan perdigones, será indiferente en qué tierra caigan), pero las condiciones locales van a tener su peso.
Tuve que pensar en ambas parábolas cuando se ponía a Islandia como modelo de reacción ante el sol o la semilla de los planes de ajuste europeos. Su tamaño, su historia, su composición permitían (o favorecían incluso) lo que en otras tierras o en otras piedras no es tan fácil conseguir, si no es que es imposible. La freudiana "omnipotencia de las ideas" (creer que, porque deseemos algo ardientemente, lo vamos a conseguir por el mero hecho de desearlo, que es ese comportamiento infantil que los ingleses llaman "wishful thinking", pensamiento ilusorio con mayor componente de lo emocional que de lo racional) no es necesariamente un buen consejero.
Y lo he pensado al leer aquí un encendido artículo sobre el modo con que noruegos y suecos consiguieron romper el poder del "1%". Es cierto que cuando se ven esos listados en los que se ordenan a los países de más a menos (renta per cápita, desarrollo humano, igualdad de renta, igualdad de género, transparencia presupuestaria etc.), los países nórdicos en general y estos en particular aparecen siempre entre los primeros puestos, un modelo mucho más interesante que el que normalmente se nos propone. Y es cierto que eso tiene su historia y, desgraciadamente, sus condicionantes. El artículo los propone, justamente en mi opinión, como modelos. Pero, sin quererlo, también añade las condiciones del suelo que hicieron, en su momento, que una situación general del sistema mundial fructificase allí de una manera mientras en otros sitios fructificaba de otra. 
No es un argumento para no intentarlo (ayer participé en una masiva manifestación en Alicante), pero sí para no generar excesivas esperanzas. Y, peor todavía, como cuenta Roger Scruton, falsas esperanzas. Sería peor el remedio que la enfermedad, como ya se vio a principios del siglo XX.
Un comentario, entonces, sobre estas últimas manifestaciones: son sobre todo expresivas. Cierto que hay quienes van a "arrimar el ascua a su sardina" y salir en la foto, cosa que no harían si su partido fuese el que está haciendo lo que ahora critican. Pero la mayoría expresa (manifiesta) su descontento con determinadas políticas y su malestar por la situación actual y la que puede preverse. Difícilmente se puede pensar que son actos instrumentales, es decir, que sirven para conseguir detener dichas políticas o revertir esa situación. Muchos de los asistentes seguirán votando por partidos que no están por la cuestión o que son irrelevantes a la hora de tomar decisiones, cosa que, con mucha más razón, sucede entre los no-asistentes, de modo que "las urnas legitimarán esas políticas", como está sucediendo con casos extremos de corrupción y despilfarro.

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