martes, 24 de enero de 2012

Mentiras en política

Un amigo se quejaba, no hace mucho, de las veces en que había sido engañado en política. Mi lectura de la historia del mundo desde 1945 escrita por Josep Fontana me lleva a la misma queja y eso que todavía no la he terminado.
La pregunta es siempre la misma: qué hacer para que no te vuelvan a engañar. Y la respuesta es doble: por un lado, reconocer que, siendo tan fácil engañar a la gente, no es de descartar que me vuelvan a engañar; y, por otro, que el único antídoto que se me ocurre es, primero, una cierta dosis de escepticismo y rechazo del entusiasmo y, segundo, buscar información, aceptando en particular la que no encaje con los intereses de quien la proporciona (por ejemplo, una ONG dedicada a salvar ornitorrincos tenderá a exagerar el número de ornitorrincos en riesgo de desaparición, por la sencilla razón de que un número suficiente de tales bichejos en peligro se convierte en un argumento a favor de la existencia de dicha ONG; así que si esa ONG dice que cada día hay menos ornitorrincos en peligro, habrá que creérselo, a no ser que se pueda sospechar que lo hace para ponerse una medalla a su propia buena conducta. Sin paranoia, pero con desconfianza).
Me encuentro ahora "siete verdades inconvenientes para la política exterior estadounidense". Lo que me interesa del texto es que esas verdades han sido sistemáticamente negadas por los gobiernos estadounidenses: no les convenían; les convenía, más bien, todo lo contrario, la falsedad o la mentira que el articulista de Counterpunch enumera y desgrana.
¿Son verdades o estamos otra vez en las mismas, con una campaña electoral en la que todo vale, incluida la mentira? Saque cada cual sus consecuencias.

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