lunes, 2 de enero de 2012

Izquierda, desarrollo y elecciones

El último Comentario (el 320 de 1º de enero, traducido al castellano en La Jornada) de Immanuel Wallerstein parte de las protestas de 2011 (árabes, indignados, "occupy") y de cómo han cambiado la percepción de algunos problemas haciendo que capas sociales hasta ahora ajenas a la discusión entren a ver si el sistema es bueno o hay que cambiarlo (por cierto, Hobsbawm ha subrayado que, a pesar de las semejanzas, a diferencia de 1848, ahora se trata de clases medias, no del proletariado). Pero para cambiarlo hacen falta estrategias y tácticas que todavía no se perciben. Wallerstein añade un problema adicional: el de la división histórica de las izquierdas, normalmente peleadas entre sí, y la necesidad de buscar compromisos entre ellas, cosa, por cierto, harto difícil. Trasformados en tipologías, estas serían las izquierdas existentes según defiendan el desarrollismo (crecimiento a toda costa, incluso el medioambiental) o lo rechacen y según planteen el tema electoral: los que rechazan votar en un sistema básicamente corrupto, los pragmáticos que votan por el mal menor (piensan que los que sufren, lo hacen a corto plazo y es ahí donde hay que dar respuestas) y los que prefieren votar por la "verdadera izquierda" aunque su voto no tenga efectos reales sobre la situación de "los de abajo". Esta es mi combinación:


Desarrollistas
Anti-desarrollistas
Rechazan votar

1
2
Pragmáticos del mal menor

3
4
Votan por la “verdadera izquierda”
5
6

Aparecen 6, pero son 5 ya que la casilla 1 está vacía. Son, como se ve, diferencias en cuanto a objetivos y medios, pero también sobre plazos, siendo la mayor diferencia la que se da entre 3 y 6, aunque los "verdaderos" anti-sistema estén en 2. Las discusiones entre ellos (prosigue Wallerstein) son interminables y muy agudas en algunos contextos como los andinos que sigo con mucho interés y las descalificaciones mutuas son la tónica. Lejos, pues, del acuerdo que propone Wallerstein que, cierto, es posible y, también, es deseable, pero que es poco probable, condenando así a las distintas fuerzas a luchar contra las otras por "clientelas" muy parecidas. Y así la izquierda se hace irrelevante (que es lo que 3 dice de 6) o es cooptada por la derecha (que es lo que 6 dice de 3, negándole su carácter de "izquierda"). Y el que gane, gane.
Nota: en las Españas, el PSOE y sus votantes estarían en 3 mientras Izquierda Unida estaría en 5 con retórica 6 en algunos de sus miembros. En el Ecuador, el gobierno estaría en 3 y Montecristi Vive y demás componentes de la Coordinadora Plurinacional -MPD, Pachakutik etc.- en 6)

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