miércoles, 4 de enero de 2012

El año del Dragón

Este año se acaba el mundo, así que vaya preparándose. Y no me refiero a que terminará el mundo de Obama (que perderá las elecciones presidenciales), el del PAN en México (creo que ganará Peña, del PRI), el de Sarkozy en Francia (que perderá frente a los socialistas) y, ya puestos, el del PSOE en Andalucía. Eso sí, Chávez perderá votos, pero seguirá en la presidencia de Venezuela. No. No me refiero a ese fin del “su” mundo. Me refiero al fin del mundo-mundo.
Algunos “New Age” dan el 2012 como principio de un gran cambio, aunque hay dos corrientes diferentes: la de los que creen que se trata del fin del Humanidad tal y como la conocemos y la de los que creen que nos elevaremos a un nivel superior de conciencia. Personalmente, no me parece que el que sea un año bisiesto que empiece en domingo se convierta en un argumento definitivo ya que los números de este calendario que usamos son convencionales y los años bisiestos no vienen forzados por la naturaleza, sino por los hombres, igual que el que empiece en el 0 ó en el 1 D.C. es una convención. De hecho, el día 23 del duodécimo mes lunar terminará el año y comenzarán las fiestas de primavera... en la China. ¿Por qué el calendario gregoriano/juliano va a tener un impacto sobre el mundo mayor que el chino o, ya puestos, el judío, el musulmán o el aymara?
Dicen también que los mayas dan igualmente el 2012 (no queda claro si el 21 ó el 22 de diciembre) como el del fin de una era, aunque, en este caso, tengo interpretaciones que seguro que los mayas (no sus esotéricos portavoces no mayas) aceptarían: el calendario maya consiste en dos ruedas dentadas, una más grande y la otra más pequeña, que giran una sobre otra marcando el nombre de los años según las sucesivas conjunciones de las ruedas. Y cuando se vuelve al principio, es decir, cuando la coincidencia se repite, pues se inicia otro ciclo. Nada más.
No es la primera vez que se anuncia el fin del mundo. El 22 de octubre de 1844 tendría que haber sucedido según William Miller. Los Adventistas del Séptimo Día se originaron a partir de la Gran Decepción que se produjo al día siguiente, al ver que Jesús no regresaba a la Tierra como se había anunciado.
Sin ir tan lejos, Joel Rosenberg, reconocido Christian Zionist, anduvo este año a la greña con el también telepredicador Harold Camping. Ambos estaban en la línea de analizar la Biblia en general y el Apocalipsis en particular para encontrar allí las claves del Fin del Mundo. Rosemberg, como Cristiano Sionista, cree que es labor de todo buen cristiano el promover la Segunda Venida de Cristo a la Tierra. Eso como cristiano. Pero como sionista, cree que una buena manera de conseguirlo es procurar que el Estado de Israel recupere sus fronteras bíblicas (supongo que las que se extienden del Éufrates al Nilo). Eso sí, son proisraelitas, aunque algunos son antijudíos por aquello de que fueron los judíos los que mataron a Jesús de Nazaret.
Pero el problema de Rosemberg no era ninguno de esos, que compartía con Camping. El problema era que este último puso fecha: el Día del Juicio tendría que haber sido el 21 de mayo y el Fin del Mundo el 11 de octubre. Los argumentos exegéticos, que incluyen la matemática del ingeniero Camping, eran muy elaborados a partir de la Biblia en inglés. Eso sí, mientras tal cosa sucedía se podían dejar donaciones en la web de Camping que no parecía muy preocupado por la inminencia del evento y seguía interesado en recibir algún dinero para aguantar hasta entonces. El problema de Rosemberg era que dice que el evangelio dice que "no sabéis ni el día ni la hora", así que sí que habrá fin del mundo y juicio final, pero seguimos sin saber cuándo, según Rosemberg.
Lo que sí tendremos es un par de versiones más del “o ahora o nunca” a que nos tienen acostumbrados los, es un decir, líderes europeos. Es un decir lo de líderes porque, entre ellos, son pocos los que mandan y uno habrá perdido las elecciones de 2012 y la otra perderá las de 2013. Lo de europeos es otro decir, porque son más nacionalistas que europeístas. Pero ese mundo sí que me parece que habrá tocado a su fin. Para bien o para mal. Así que felices 366 días.
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante -)
Nota: si, a pesar de estas dosis de escepticismo, se sigue creyendo en el fin del mundo en 2012, aconsejo visitar Bugarach en Francia o Vilcabamba en el Ecuador: igual funciona)

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