viernes, 13 de enero de 2012

Burocratismo

Un colega economista intentó convencerme de que "todo era mercado", desde las relaciones personales a las relaciones internacionales. A pesar de que algo así han dicho algunos egregios premios Nobel (de Economía, que son tan peculiares como los de la Paz: no son Nobel), intenté decirle que había todo un vocabulario que no acababa de encajar en su proposición: gratuidad, solidaridad, entrega, generosidad, heroismo, amor, sacrificio y tantos otros. Como suele suceder, ni le convencí (que no lo pretendía) ni me convenció (que no sé si lo pretendía o si, más bien, se trataba de una broma en el contexto de reunión en la que estábamos).
Hoy he tenido un ejemplo que no sé si le da la razón a él o a mí. En todo caso, habrá que torturar convenientemente los datos para que acaben confesando lo que convenga a uno u otro. El caso es que he comido en la cafetería de la universidad en la que estoy estos días. Como me esperaba una larga sesión vespertina casi inmediata, decidí no tomar el menú (ensalada, dos platos, postres y agua) sino reducirme a media pizza vegetal y una botella de agua. Aviso que la universidad, por supuesto, es pública, pero que la cafetería es una entidad privada que gestiona el servicio bajo una concesión de la universidad. Pues bien, la moza que iba delante de mí llevaba en su bandeja media pizza y un plato de arroz que llamaban "paella" (voy a dejar esa discusión para un contexto más cultural porque el caso es que estaba hecha en un caldero), y una botella de agua. Total, 4,75 eurillos (subvencionados, supongo). Cuando me ha tocado a mí: 5,25 euros. He preguntado a la cajera a qué se debía la diferencia (cómo era posible que llevando menos en la bandaja, pagase más que la chica). Respuesta: lo de ella es de menú, lo de usted se sale del menú y, por tanto, tiene otro precio.
Lo de subvención y concesión lo digo para evitar aplicar la mitología de la fijación de precios a través de la oferta y la demanda, porque no se aplica, con un mercado cautivo encima. Y he comido la pizza (las he tomado mejores) pensando en cuál podría ser el motivo para esa diferencia de más precio (50 céntimos) para menos material.
Diga lo que diga mi amigo, "mercado" no es. A lo más que se me ocurre es que han sido contagiados los de la concesionaria por el burocratismo universitario en el que lo que importa es el medio, no el fin. Si el reglamento (o los estatutos, o las normas, o las leyes) dicen que el menú a dos platos con agua vale tanto, pues vale tanto. Mientras, otro funcionario decide cuánto va a costar media piazza y eso se convierte en norma. Que sean poco compaginables, no importa. Lo que importa es la regla de cuánto cuesta un menú y cuánto cuesta media pizza.
Claro que también podría ser una forma de incentivar el menú ante los ojos de los codiciosos estudiantes que procurarán maximizar su beneficio con el mínimo de porte monetario. No sé. Pero lo que sí sé es que lo de mi colega, y a pesar de ello amigo, era un poco extremoso.

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