miércoles, 4 de enero de 2012

Bancos: maravillosa coherencia

Hay motivos para desconfiar del director de oficina que te aconseja esto o lo otro para tus magros ahorros. El pobre sufre presión de su central para cumplir determinados objetivos y tiene que venderte la burra como pueda (algún conocido no ha podido resistir la presión y ha abandonado la porfía). Hubo un tiempo en que las Cajas de Ahorro españolas se dedicaban a la gestión de "patrimonios familiares" y el consejo de un director de oficina era como el de un padre. Pero ya no existen las Cajas de Ahorro desde hace mucho tiempo: antes, en la práctica; ahora, legalmente. Todo son Bancos que buscan el beneficio propio y ya no son "el interés más desinteresado", sino el interés propio, el de ellos, no el tuyo.
Aquí  se narran los motivos para desconfiar de las predicciones económicas de grandes Bancos como Lehman: son mentirijillas para mover a los inversores en una determinada dirección que resulta ser la contraria de lo que esos Bancos van a hacer. Habría que hacer lo que hacen, no lo que dicen. Es la mejor explicación de los clamorosos "errores" de predicción del Banco, que, por lo visto, no son errores sino mentiras intencionadas de quienes buscan el beneficio propio para el cual "todo vale", según reza el precepto capitalista (repito: capitalista significa "dedicado al capital" como economista significa "dedicado a la economía"; si se prefiere, capitalista significa "ideología que defiende al capital" como socialista significaría "ideología que defiende a la sociedad" -eran otros tiempos-)
Así que hay motivos para no asombrarse de que los Bancos reciban dinero a un interés bajísimo por parte de Bancos Centrales (financiados por los Estados miembros europeos o, directamente, por su propio Estado como sucede con la Reserva Federal estadounidense) o por parte de los propios Estados para que presten dinero a esos Estados a un interés mucho más alto, de forma que, según dicen, los Estados pagan 600 veces más que los Bancos. Beneficio asegurado.
Maravillosa coherencia entre la relación de ventanilla con el cliente, la del Banco con los inversores y la de los Bancos con los Estados. Supongo que no se trata de la "mano invisible", porque es obvio que en los tres casos se trata de una forma de estafa que nada tiene que ver con los "sentimientos morales" del bueno de Adam Smith, que en gloria esté.

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