lunes, 12 de diciembre de 2011

Tomaré un bocadillo

Hoy tengo un día agitado: ida y vuelta a Madrid en tren y a horas que no dejan tiempo para comer tranquilo. Ya me lo veo venir: un bocadillo de jamón y queso en el tren de vuelta. Y mientras pienso en tales excitantes posibilidades, me encuentro con estas tres comidas del pre-candidato Obama en Nueva York:
one at the tony Gotham Bar and Grill for 45 supporters at $35,800 a headthe menu: roasted beet salad, steak and onion rings, with apple strudel, chocolate pecan pie, and cinnamon ice cream -- a meal meant to “shine a little light” on American farms); one for 30 Jewish supporters at the home of Jack Rosen, chairman of the American Jewish Congress, for at least $10,000 a pop; and one at the Sheraton Hotel, evidently for the plebes of the contribution world, that cost a mere $1,000 a head. (Maybe the menu there was rubber chicken.)
 El sistema funciona así. Los candidatos emplean a un buen grupo de busca-dinero que organizan estos eventos (a 35.800 dólares por barba, ya son eventos, ya), toman nota de quiénes han pagado y encuentran forma de "devolver" la aportación en términos de contratos, accesos, tickets, utilización del nombre y hasta fotos que indican lo bien conectado que está uno. Estas tres comidas son la regla, no la excepción, y a actos como ese dedica el presidente un discreto porcentaje de su tiempo diario. Los demás pre-candidatos, también.
Obvio, los del "99 %" no suelen estar invitados: no disponen de tales sumas para un almuercito de nada. Ni siquiera para el de la plebe, 1.000 dólares el cubierto. Y saber estas cifras les tocan las narices porque saben que no es donación desinteresada sino que los "paganos" conseguirán lo que los "ocupantes" no van a conseguir, así que estos se indignarán todavía más.
Es monstruoso, pero no niego mis simpatías por un sistema en el que estas cosas se saben, como se sabe  qué sucede después con los negocios de los donantes y su "qué hay de lo mío". Este es uno de los estudios de este año.
La financiación de las costosísimas campañas electorales no está resuelta. El sistema estadounidense es el que es. Pero hay variaciones: en el Japón, cada candidato tenía que espabilarse para financiar su campaña (no sé si siguen con esa costumbre tan perversa) y en el Brasil, uno de los factores que inciden en su corrupción es también el de la financiación de los partidos "no empresariales", como el PT. En las Españas, los partidos minoritarios se quejan no solo de la ley electoral (los que se quejan es porque quieren pasar del bipartidismo al tripartidismo), sino de la financiación a los partidos con representación electoral. Cierto que no se puede financiar con dinero público al primero que se presente y que puede montar su chiringuito a efectos de la subvención, pero los partidos en la frontera de la representación son excluidos de la misma por la partija que se reservan los demás (incluidos los que exigen una ley más justa para ellos, pero no para los demás). Pero esa es otra historia.

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