lunes, 5 de diciembre de 2011

Perdón presidencial

En las Españas ha causado un cierto revuelo una de las últimas decisiones tomadas por el gobierno saliente, a saber, la de indultar (creo que esa es la palabra apropiada) a un alto ejecutivo de un Banco que, de esa forma, podrá volver a asumir sus funciones en su institución. Como se ha dicho, y dicho bien, "que quede claro quién manda aquí".
No es un caso aislado, pero sí sintomático, aunque el asunto habría que someterlo a un análisis más pormenorizado. Se ha hecho en los Estados Unidos al analizar la serie de perdones que se han promulgado desde la presidencia a lo largo del tiempo. En el análisis se incluyen las peticiones y las concesiones y todo tipo de datos (desde el estado civil hasta el tipo de crimen) sobre unas y otras hasta un total de casi 50 concedidas y numerosísimas solicitadas. Entre las concedidas, destacan dos tipos de crimen: el relacionado con las drogas y, sí, el financiero, un poco en la línea de "quién manda aquí". El caso de Marc Rich, perdonado por el presidente Clinton en su último día en el cargo, merece un tratamiento especial junto al hecho de que los perdones a los blancos son desproporcionados respecto a los concedidos a los negros. El sesgo misericordioso es particular. Pero, por ponerlo todo, si uno tiene el apoyo de un político en el Congreso, las probabilidades de ser perdonado son todavía mayores que si "solo" eres blanco.
Sigo impresionado por la lectura de "El moderno Midas" escrito en 1932 por Bertrand Russell. Trascribo alguno de sus párrafos:
En todo el mundo, no solo en Gran Bretaña, los intereses de las finanzas, en los años recientes, han sido opuestos a los intereses públicos en general. No es probable que este estado de cosas cambie por sí solo.(...)
Las finanzas son más poderosas que la industria cuando ambas son independientes, pero los intereses de la industria se aproximan más a los de la comunidad que los intereses de las finanzas. Ésta es la razón por la que el mundo ha llegado a tal extremo: el excesivo poder de las finanzas.(...)
Esta situación de incomprensivo respeto del público en general es exactamente lo que necesita el financiero para que la democracia no le ate las manos.
Pues eso.

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