sábado, 19 de noviembre de 2011

Las armas nucleares de Irán

Como Seymour Hersh ha seguido el tema por lo menos durante una década, este nuevo artículo, en el New Yorker como otras veces , sobre las "armas de destrucción masiva" en Irán tiene particular interés.
Primero, porque recuerda como AlBaradei recibía presiones para declarar que había dichas armas en Irak, cosa que siempre negó y que, a lo que parece, no existían ya cuando se enviaron a los inspectores de la AIEA. Otra cosa fue lo que el pobre Colin Powell tuvo que decir en Naciones Unidas para demostrar la maldad intrínseca del régimen de Sadam Husein y que, visto con perspectiva, resulta ridículo. Y no solo por falso sino por estar plagado de argumentos "que se quiebran de sotiles".
Segundo, porque un tema tan complejo de establecer y probar puede depender mucho de los supuestos de los que parten los inspectores. Y si no encuentran "la pistola humeante", lo más que pueden decir es que hay puntos en los que la investigación nuclear se bifurca en civil y militar, pero que, hasta ese punto, no hay modo de predecir en qué dirección se bifurcará. Como se trata de política y no de ciencia, la predicción se hará mediante un juicio de intenciones: el gobierno iraní tiene la intención de bifurcarse en la dirección que le llevaría a estar a la altura de Israel, India, Pakistán, China, Corea del Norte, Francia, Inglaterra, mientras que el parecido programa nuclear brasileño no muestra la intención de bifurcarse en dicha dirección sino en la de "átomos para la paz".
Tercero, porque la necesidad de una "legitimación" de las acciones "judeo-cristianas" siempre viene bien . El complejo de culpa parece propio de los educados en dichas tradiciones (no en vano inventaron el psicoanálisis) y nada mejor que tener a mano una buena razón para haber cometido la tropelía (el mal menor, el tiranicidio, la guerra justa y todas esas cosas). Esa es la versión positiva. La negativa es que esas tradiciones (y no necesariamente diferentes de otras), son muy propicias para la manipulación política, asunto del que ya hablaba Kant en su La paz perpetua, pero que llegarían a su culmen anglosajón entre las dos guerras llamadas "mundiales", es decir, en la guerra por la hegemonía mundial y sus dos fases, la del 14 y la del 39, en las que la manipulación "democrática" alcanzó su primer máximo histórico (en todos los contendientes, no solo con Göbbels).
El artículo de Hersh termina diciendo:
The new report (de la AIEA), therefore, leaves us where we’ve been since 2002, when George Bush declared Iran to be a member of the Axis of Evil—with lots of belligerent talk but no definitive evidence of a nuclear-weapons program.
No importa. El tiempo se agota. En un año pueden tener la bomba. (Según, respectivamente, el brasileño O Globo -citando a Reuters-, la agencia palestina Ma'an y el diario israelí Ha'aretz).


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