miércoles, 16 de noviembre de 2011

Indignados y resentidos

Hay quien afirma con rotundidad que “los jóvenes de hoy en día” “faltan al respeto a sus mayores, desobedecen a sus padres, ignoran la ley y protestan en las calles en pos de ideas descabelladas. Su moral está decayendo”. Con toda la razón. Hoy en día los viejos se indignan ante la ignorancia de los jóvenes, ante su falta de educación y ante sus excesivas pretensiones (quieren poseer el mundo y disfrutarlo, y lo quieren ya). También se indignan por la absurda conciencia de los propios derechos que muestran esos jóvenes sin que vaya acompañada de la correspondiente conciencia de los propios deberes y, encima, que se manifiesten pidiendo la Luna, al grito de “otro mundo es posible” o pretendiendo promover “un cambio global”, cosa que hacen por puro resentimiento. Es, como bien se sabe, una crisis de valores. Lástima que la frase entrecomillada sea de un tal Platón, que vivió en la Grecia clásica.
Cierto que estos viejos, cuando eran jóvenes, y en mayo del 68 (harto tiempo ha), decían lo de “seamos realistas, pidamos lo imposible”, y sus padres les veían como el viejo Platón veía a los jóvenes de su tiempo: una pandilla de jipis, ciegos de marihuana, promiscuos en lo sexual y que no sabían lo que querían más allá de pasarlo bien. Y cierto también que los jóvenes de hoy en día echan en cara a los viejos la porquería de mundo que les están dejando casi como si los viejos hubiesen dicho que “el que venga detrás, que arree”. La situación económica, política, medioambiental, energética y cultural, dicen los jóvenes, no ha podido ser creada más que por los viejos ya que los jóvenes no han tenido tiempo todavía de cumplir con lo que “Mike and the Mechanics” cantaban en los años 80: “Every generation blames the one before, and all of their frustrations come beating on your door”, es decir, “cada generación echa la culpa a la anterior y todas sus frustraciones vienen llamando a tu puerta”. Si los jóvenes no tienen empleo no es porque no se esfuercen (han sido JASP, jóvenes aunque sobradamente preparados), pero ahora son ni-nis que ni estudian -ya han estudiado- ni trabajan, pero no por falta de ganas sino por una contracción del mercado de trabajo creada por los viejos.

Tal vez esas percepciones mutuas no tengan su causa en el comportamiento del otro sino en la propia situación. Los viejos, de toda la vida, se sienten frustrados al sufrir y constatar la pérdida de la propia juventud, cosa que les puede llevar al resentimiento. Los jóvenes, por su parte, de toda la vida se sienten frustrados al sufrir y constatar su falta de poder para cambiar la propia situación, cosa de la que culpan a los viejos en el poder y que les indigna y les puede llevar fácilmente al resentimiento. Claro, dirán los viejos, la situación de estos no se puede cambiar: la flecha del tiempo es inexorable, “vulnerant omnes, ultima necat”, todas (las horas) hieren, pero la última mata. En cambio, los jóvenes sí podrían hacer algo para cambiar la situación. Son los “indignados” a los que los viejos ven como “resentidos” y les dan lecciones desde la experiencia y sabiduría que la edad les ha concedido graciosamente. Por cierto, es bien sabido que la experiencia es aquello que se consigue cuando ya no hace ninguna falta.
Pero sí podemos preguntarnos quiénes son los indignados y quiénes son los resentidos, quién se indigna con quién y con qué, si son los viejos los que se indignan con los jóvenes o los jóvenes los que se indignan con los viejos y si lo hacen, ambos, por resentimiento: el de saberse ya no-jóvenes y el de ver que la edad les impide conseguir lo que los viejos ya tienen. Vea cada cual lo que contesta.
De todos modos, hay dos errores de bulto en lo que antecede y que echa por tierra todo el argumento. El primero es creerse lo que decía la canción: “No soy de aquí, ni soy de allá, / no tengo edad ni porvenir”. Falso: es imposible verlo “desde fuera”, como bien saben los sociólogos aunque a veces lo olviden. El segundo es más grave: consiste en suponer que se puede dividir fácilmente una población en dos mitades, jóvenes y viejos, pretendiendo, encima, que todos los jóvenes son iguales y todos los viejos también. Craso error igualmente ante el que podemos indignarnos pero que difícilmente nos llevará al resentimiento. Algo es algo.
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante-)

1 comentario:

  1. Hola,com ésta usted. Que pena que durará tan poco su vista a Las Palmas, que fue casi una visita relámpago. Bueno, no se si conocé a un tal Cornel West, filósofo y activista afroamericano, a continuación le dejo una cita sobre la juventud; por loque dice en el texto totalmente deacuerdo, porque, por poner un ejemplo no es lo mismo un chico de clase obrera que un niño bien de Las Palmas, un saludo.


    "Los jóvenes quieren una libertad total y la quieren rápido y fácil. De muchas formas, lo que hacen es reflejar lo que ven en su propia sociedad, en Wall Street. Les resulta muy difícil tomar en serio ya no sólo un compromiso con el que puedan cumplir con sacrificio sino que últimamente también les resulta difícil tomar en serio la misma vida humana. Las ganancias y los beneficios se han vuelto más importantes que la vida humana. Lo que estamos viendo es un civilismo frío a lo largo de todas estas comunidades. Esto es una clara expresión de nuestra cultura y de nuestra civilización. "(Cornel West, filósofo y activista afroamericano).

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