miércoles, 2 de noviembre de 2011

Indigenismos e indigenismos

Hay dos, por lo menos. Como sucede con los feminismos. Por un lado, y sin salir de los Andes, los que elaboran incansablemente su identidad y sus diferencias frente a los no-indígenas. Es importante el uso de la palabra "ancestral". Si lo que encuentran en su introspección es realmente autóctono o ha sido importado por las sucesivas olas colonizadoras (que llegan hasta el New Age y el "postcolonialismo" anglosajón), eso no importa. Suelen ser apoyados por los poderes fácticos. Caricaturizando se puede decir que el folklore y lo folklórico siempre es bien venido mientras no sea reivindicativo y este indigenismo no suele serlo.
Por otro lado, están los indigenismos que reivindican sus derechos y buscan la igualdad. En el caso boliviano, ha sido el movimiento contra la carretera que iba a atravesar el TIPNIS, asunto que me ha emocionado, al que ya me he referido y que se ha resuelto con una victoria, en este caso, del derecho reconocido por la Constitución boliviana. En el caso ecuatoriano tenemos una larga serie de reacciones ante proyectos que, igual que el boliviano, algunos indígenas, no tanto por cuestión de su identidad sino por cuestión de sus derechos, encuentran rechazables. La represión es incluso más fuerte que en el caso boliviano ya que no consiguen el impacto mediático que consiguieron los marchistas.
Tengo conocidos en ambas tendencias. Con los primeros he hecho "acullicu" (mascar coca como acto de fraternidad) y he añadido piedras a una "apachejta" (guijarros amontonados en honor a los "apus" de la montaña, literalmente "para el que lo hace llevar", para quien ha ayudado a subir el camino). Pero si tengo que optar, opto por los segundos. A mucha distancia, eso sí. Distancia física, claro. No emocional.

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