jueves, 17 de noviembre de 2011

Gente de fuera

En estos últimos dos días me he encontrado (y en un caso, con repetición) en sendos aeropuertos españoles de los que se pueden llamar "turísticos" visto el personal que los utiliza mayoritariamente o, al menos, eso me lo parece.
Mucha, muchísima gente de fuera. Gente culta, que no grita ni se emborracha, que no tira nada al suelo, que no empuja en las colas, que no rompe nada. Supongo que algo así harán en su residencia española, sea habitual o temporal o incluso hotelera corta.
Qué diferencia con los inmigrantes: gente inculta, gritones, sucios, que colapsan los ambulatorios, cobran del Estado sin haber cotizado previamente y, sobre todo, que tienen otra religión o, por lo menos, otras costumbres, que es lo importante ya que su mera existencia es una amenaza a nuestra identidad nacional.
Cierto que no me he preguntado cuál sería la religión de los que he visto en los aeropuertos turísticos, aunque me temo que también sea una de las religiones falsas (solo la nuestra es la verdadera), pero lo hacen con tanta discreción en sus asambleas y centros de culto que no molestan para nada a nuestra identidad nacional, cosa que los inmigrantes sí que hacen.
Dejemos la coña: de entrada, en mis recientes visitas a hospitales públicos he encontrado más gente de la primera categoría ("turistas") que de la segunda ("inmigrantes"). Y es esa misma distinción la que es engañosa desde el punto de vista de los racistas que, hasta en eso, se equivocan: porque no es cultura, religión, costumbres o educación lo que está en liza, sino clase social: los que pueblan los aeropuertos turísticos son clases medias (medias-medias o medias-bajas) mientras que los "inmigrantes" son percibidos como clase baja, cosa que permite al racista sentirse superior en algo. La milonga de la identidad nacional no es tan importante y la prueba es que si uno va a sus guetos turísticos encuentra gente ajena a lo local, que, además, lo desprecia... pero gasta, mientras que los "inmigrantes" son trabajadores (y muy trabajadores, por cierto) que amenazan menos a la supuesta "identidad nacional" que los que pagan su primera cerveza a las 10 de la mañana (ni te cuento cuándo es la última y en qué estado se encuentran ellos y su entorno cuando tal cosa sucede).
¿Que usted conoce muchos de esos "residentes" que no encajan con la caricatura que acabo de hacer de ellos? Yo también y algunos son amigos muy queridos. Pero también conozco a "inmigrantes" y muchos y también amigos que nada tienen que ver con la imagen racista-clasista que se hace de ellos. En ninguno de los casos mi "identidad nacional" se ve afectada siendo así que carezco de ella. Al fin y al cabo, yo también soy gente de fuera, forastero, casi desde el nacimiento.

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