martes, 22 de noviembre de 2011

Fukushima y Asturias

Los heroicos obreros japoneses que se atrevieron, con más que evidente riesgo de sus vidas, a trabajar en la central nuclear reventada por el tsunami recibieron hace poco el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. La Jornada Mundial de la Juventud organizada por algunos sectores del catolicismo se quedó a las puertas.
No porque yo hubiese preferido que el espectáculo de "papalatría" se alzase con el codiciado premio, sino porque me lo acaba de contar un amigo japonés, lo cuento a mi vez. Lo doy por muy probable. Me fío de la fuente. 
Me dice que los heroicos obreros japoneses eran "burakumin", una casta de intocables (como dalits, como parias) que vive en condiciones por debajo de la media japonesa, fruto del rechazo del resto de la sociedad, y habían aceptado el trabajo porque se les ofrecía una cantidad que nadie en sus condiciones de marginación podía rechazar si pensaba en el bien de sus familias y menos en la propia supervivencia.
No es por rebajar el premio (que ya ha tenido algunas notables pifias... como mandan los cánones y, si no, que se vea el Nobel de la Paz), pero sí por poner las cosas en su sitio.
(Añadido el 5 de abril de 2012: ahora encuentro un texto en la misma línea de lo que me contó mi amigo japonés y no había encontrado en otro sitio)

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