viernes, 11 de noviembre de 2011

Contra la ley de la gravedad

El otro día, a lo que dicen algunos periódicos, con un "no al bipartidismo" se manifestó un grupo frente al lugar en el que se desarrollaba el debate entre los cabeza de lista de los dos partidos con probabilidades de formar gobierno. Porque ese es el hecho: que son los únicos que, solos o con otros, formarán gobierno y, por tanto, lo que digan tiene que ver con lo que podrían hacer si no es que mienten (y mentir, mienten, dicho sea de paso). 
La gente es que vota como vota y eso se convierte en una razón para que, la vez siguiente, vote como vote. Si han votado mayoritariamente por dos partidos, esos partidos se convertirán en opciones de gobierno y atraerán los votos útiles de los que votan gobierno y no ideología.
Claro que el sistema electoral tiene su peso, pero no tanto como se dice. Por supuesto que si fuese un sistema mayoritario con distrito uninominal tipo anglosajón (el Reino Unido y los Estados Unidos), el bipartidismo sería todavía mayor. Y si, como es el caso de los Estados Unidos, el sistema es presidencial, pues todavia más ya que no hay modo de hacer proporcional la presidencia: el que gana, aunque sea con el 25 por ciento de los votos posibles o un mínimo del 51 por ciento de los emitidos, ese queda de presidente.
Pero supongamos que no se quiere cambiar la Constitución en ese punto y se sigue optando por un sistema parlamentario (no se elige a un presidente sino a una cámara de la que saldrá el presidente o primer ministro, que es lo que sucede prácticamente en toda Europa excepto en el caso francés) y un recuento proporcional para que el porcentaje de votos coincida lo más posible con el porcentaje de escaños, las opciones son varias.
La más obvia, es hacer una sola lista para toda España, con la evidente oposición de los nacionalistas que son votados en su circunscripción, pero no en el resto. Si las actuales listas cerradas y bloqueadas ya dan un poder excesivo a la partidocracia, me temo que la lista "nacional" (con perdón) daría mucho más. Listas abiertas y no-bloqueadas con lista nacional podría ser un poco caótico, aceptable para la representatividad (supongo), pero poco probable que los partidos voten a su favor.
Se puede buscar una fórmula mixta: mantener las actuales circunscripciones provinciales (que, además, acerca al candidato a sus votantes) pero buscar fórmulas para que los restos se distribuyan para todo el país.
Y se puede (seguro que hay más opciones) tener una doble lista: general y local. Si no me equivoco, ese es el caso del Ecuador, pero no estoy seguro.
Nunca se conseguirá convertir millones de votos en centenares de escaños de una manera absolutamente equitativa (y menos si se reduce, por ahorro, el número de culiparlantes), así que es lo que menos me preocupa. Más me preocupa la partidocracia y ya me gustaría que todos los partidos apostasen por listas abiertas (poder elegir de unas u otras) y no bloqueadas (poder elegir el orden a partir del impuesto por el partido).
Lo del bipartidismo dependerá de los electores. Y jugar a "democratizar la ley electoral" para convertir el sistema de bipartidista en tripartidista no es avanzar mucho, excepto para el tercer partido, que se convierte en el fiel de la balanza y obtendrá mucho más poder de decisión que el que le han dado las urnas.
¿No al bipartidismo? No es eso, no es eso.

1 comentario:

  1. A mí me parece muy justo el sistema del VOTO PERSONAL TRANSFERIBLE, que combina lo mejor de los sistemas mayoritario y proporcional, siendo así que en "este país" lo vigente es lo contrario: la combinación de lo peor de ambos.

    http://www.nodo50.org/reformaenserio/articulos/marzo04/votoperstrans.pdf

    Saludos cordiales,
    Manolo Gualda

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