martes, 1 de noviembre de 2011

Ante la crisis

La otra noche, en una cena, escuché una intervención que me hizo pensar. La señora decía que "antes" se criticaba al consumismo, actitud que situaba el consumo en un puesto muy alto en la jerarquía de valores personal o colectiva; en cambio, "ahora", se desea el consumo para que aumente la demanda, las empresas vendan y puedan generar empleo. Otra bonita contradicción en la que estamos: consumir demasiado es malo para el medioambiente, consumir demasiado poco es malo para la economía; ¿Respuesta? Consumir lo más posible, aunque ese "posible" no se vea ahora y, encima, se haga menos probable dados los recortes generalizados por parte de los gobiernos de países centrales, en vías de subdesarrollo.
Pero hay algo más: durante la época del consumismo rampante (ese que ahora se añora), se imbuyó en las mentes ciudadanas el "consumo, luego existo" y el "tanto consumes, tanto vales". Los que ahora no pueden consumir por estar en el desempleo o, incluso, por no tener ya ni siquiera la magra ayuda de los gobiernos (que se reservan para "los de arriba"), sufren de una profunda frustración cuyos efectos son imprevisibles. ¿Violencia? ¿Suicidio? (por cierto, aumenta en los países centrales) ¿Indignación? ¿Apatía? Un viejo sociólogo del siglo pasado resumía así los posibles comportamientos ante lo que él llamaba "anomía" y ahora llaman "crisis":

Tipo
Fines
Medios
Conformista
+
+
Ritualista
-
+
Innovador
+
-
Indignado
-
-
Revolucionario
+/-
+/-


Tenemos, en primer lugar, al conformista: al que acepta los fines que le propone la sociedad y los medios para alcanzarlos. Después está el ritualista: se ha rendido ante la posibilidad de alcanzar los fines y aplica, como un burócrata, los medios que se le ofrecen aunque no lleven al fin. El innovador, en cambio, está integrado en la sociedad en lo que se refiere a buscar los fines (enriquecimiento, consumo, ostentación), solo que cambia los fines y los que aplica son "ilegales": los ladrones, por ejemplo. Los indignados rechazan medios y fines. Y los revolucionarios son capaces de rechazarlos, sí, pero introduciendo cambios reales que llevan a cambiar tanto fines como medios. Es lo que haría falta, claro. Pero no parece que haya muchos en los países centrales, así que lo que algunos revolucionarios hacen es irse de safari ideológico y aterrizar en contextos donde, por lo menos, puedan asistir a la revolución. En América Latina hay varios.

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